¿Liderazgo inconsciente o consciente?

Ricardo
Joya

¿Liderazgo inconsciente o consciente?

28/07/2020
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“¿Cuántos son los que sufren, tanto dentro como fuera de las organizaciones, de los abusos de poder, de liderazgos carentes de sabiduría y comprensión profunda, de decisiones basadas en ideas estrechas y sin rumbo que, no obstante, afectan a miles de personas?”

Recupero la reflexión de Peter M. Senge –en el prólogo del libro “El liderazgo consciente”-, porque ahora que la humanidad enfrenta circunstancias inéditas, el liderazgo de quienes tienen responsabilidades públicas es determinante del impacto de la pandemia provocada por Covid-19.

De las decisiones que tomen quienes llevan el liderazgo de una nación depende la salud de millones de personas. Si existe un error de interpretación en las condiciones que se enfrentan, muchas y muchos pueden morir; además de que el sustento de millones más puede estar en riesgo.

En Nueva Zelanda, la primera ministra, Jacinda Ardern, impuso estrictas medidas para eliminar la enfermedad y no sólo “aplanar la curva”. Aún sin haberse registrado muertes a causa del Covid-19, cerró las fronteras –de un país que depende del turismo- y ordenó una cuarentena de cuatro semanas. Ardern concluía todos sus mensajes relacionados con la pandemia, con la frase: “Sé fuerte. Sé amable”, que sintetiza –desde la perspectiva del diario británico The Guardian- el perfil de la primera ministra: “es una mezcla de acero y amabilidad”.

Convocó a sus habitantes a “permanecer en sus hogares para salvar vidas”, con lo que dejó en claro el propósito de una medida tan drástica, pero también fue empática al reconocer las dificultades que significaba cumplirla, como la imposibilidad de asistir a encuentros familiares. En su anuncio del 23 de marzo, frente a medios de comunicación, Jacinda Ardern dio un mensaje cuidadosamente elaborado por ella misma (que es comunicóloga) y abrió un extenso espacio de preguntas y respuestas con periodistas.

Además de emplear Facebook, a través de la televisión, Ardern transmitía sesiones informativas para subrayar aspectos de “vital importancia” y aquellos que ameritaban atención especial para eliminar la enfermedad… no aplanar la curva. Ha sido clara y precisa en sus mensajes, con una dirección y toma de decisiones bien definidas.

Su liderazgo y comunicación lograron que los habitantes de Nueva Zelanda asumieran la responsabilidad de los problemas colectivos y que todos colaboraran, a pesar de lo complejo de la situación y de que se entró en conflicto con las maneras de pensar y actuar tradicionales de sus habitantes. Nueva Zelanda ya no tiene casos de Covid-19.

Mientras tanto, en México, el presidente, Andrés Manuel López Obrador, no usa cubrebocas, porque –dice- no está “científicamente demostrado” que disminuya los contagios por Covid-19. Dato que no es real.

¿Cuántas personas seguirán su ejemplo?



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