Perspectivas de Cynthia Valeriano
No hay plazo que no se cumpla y el tan esperado Mundial del Fútbol Regional ya llegó.
Vaya agenda la que compartirán México, Estados Unidos y Canadá, que no solo cuentan con tensiones profundas en torno a la revisión de su acuerdo comercial, asuntos de seguridad, migración, tráfico de estupefacientes, vinculación con China y posición con respecto a los conflictos globales, sino que, además deberán mostrar su mejor cara y completa coordinación en la organización de la fiesta del futbol.
Pero, al fragmentar este evento deportivo, también se alienta la disputa por llenar estadios, ofrecer la mejor experiencia, atraer a los turistas a los sitios emblemáticos de cada país y por supuesto garantizar que después del mundial estos turistas regresen a las ciudades a visitarlas y recomendarlas, es decir, los tres países competirán por convertir visitantes en consumo, consumo en valor agregado y valor agregado en crecimiento turístico sostenible con impacto en sus proyecciones del PIB.
La línea base es relevante, sobre todo si queremos dimensionar las proyecciones presentadas por la propia Secretaría de Turismo de México y algunas agencias internacionales, especializadas en análisis sectorial. En 2025, México fue el actor turístico más dinámico de Norteamérica: el PIB turístico creció 1.8%, contra 0.9% en Estados Unidos y 1.2% en Canadá; además, México aumentó 3.5% el gasto de visitantes internacionales y 6.1% las llegadas internacionales. Para 2026, el Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC) proyecta que el PIB turístico crecerá 6.4% en Canadá, 2.4% en México y 2.1% en Estados Unidos, impulsado en parte por el Mundial.
Para México, el reto no es menor, el turismo ya pesa estructuralmente en nuestra economía, solo en el 2024 el PIB turístico fue de 2.7 billones de pesos, equivalente al 8.7% del PIB nacional; en términos reales creció 2.5%, por encima del PIB total de la economía, que avanzó 1.3%. Los principales motores fueron: transporte de pasajeros, alojamiento, restaurantes, bares y servicios culturales, precisamente los sectores que más se activan en un megaevento deportivo.
La comparación con Qatar 2022 obliga a poner los pies en la tierra, el FMI estimó que el gasto turístico y los ingresos vinculados a la transmisión del Mundial de Qatar generaron entre 2,300 y 4,100 millones de dólares; en valor agregado, el impacto fue de 1,600 a 2,400 millones de dólares, equivalente al 1% del PIB qatarí de 2022. También recibió alrededor de un millón de visitantes durante el torneo, con derramas regionales hacia países vecinos como Emiratos Árabes Unidos.
El Mundial 2026 tendrá una escala superior: 48 selecciones, 104 partidos y tres países sede. FIFA lo ha presentado como la edición más grande de su historia, esa escala eleva la demanda de hoteles, vuelos, restaurantes, transporte urbano, seguridad, entretenimiento y experiencias locales, pero también dispersa la derrama económica esperada, se espera que Estados Unidos capture la mayor parte por número de sedes, México tendrá una ventana simbólica y turística que podrán capitalizar las 3 ciudades sede y las zonas cercanas a los eventos turísticos y en ese sentido, será la complicada Ciudad de México la que llevará mano en la concentración de recursos, y Canadá que podría registrar el mayor crecimiento porcentual en su historia, porque ciertamente su desempeño turístico no ha sido hasta el momento tan relevante.
Mención aparte merece la capitalización de los recursos financieros por parte de la FIFA, que por la vía del cobro de derechos de transmisión, patrocinios, hospitalidad y licencias que para este mundial se proyectan en 13,000 millones de dólares, en contraste con los 7,500 millones recibidos durante la organización del mundial en Qatar, lo anterior, sin invertir en infraestructura, seguridad, logística etc.
A pesar de lo anterior, sigue siendo muy atractivo para los países buscar la sede de un evento de esta magnitud en su territorio, un mundial de futbol permite posicionar turísticamente al país, eleva su nivel de exposición mediática e incluso política, le permite ser agente de cambio e interlocutor en conflictos globales, por ejemplo, la decisión de que México fuera la sede de entrenamiento y recepción de la selección Iraní a pesar de jugar en Estados Unidos, debido al conflicto bélico vigente, también presiona a los gobiernos a invertir presupuestos en infraestructura y renovación urbana o mejorar las condiciones de conectividad y funcionamiento de infraestructura aérea principalmente, lo que beneficia a sus habitantes una vez concluido el evento.
Para México, el activo estratégico está en convertir sus tres sedes —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— en vitrinas de turismo extendido a través de rutas culturales interesantes, exposición gastronómica global, sus monumentos y ciudades históricas y la experiencia que el visitante extranjero tendrá, a partir de la calidez mexicana que se reconoce en cualquier parte del mundo.
El impacto económico será un aliciente sin duda, en una economía nacional que se encuentra deprimida, con empresas que invierten poco y un consumo estancado, recién empieza a reactivarse la economía y la demanda de servicios y bienes que permitan a los locales disfrutar del mundial desde la pantalla del hogar debido al sobreprecio de los boletos, hoteles y restaurantes.
Sin embargo, a pesar de su impacto en el PIB nacional, no será suficiente para revertir la trayectoria económica de la región, el mundial al final del día será una larga fiesta de 39 días, que para el caso de México significarán 13 oportunidades distintas para mostrarle al mundo toda la belleza y el esplendor de nuestro país, cultura y gastronomía con un trato sin comparación. Pero una vez concluida la fiesta, vendrá la resaca financiera del endeudamiento y una eventual cuesta de julio que terminaremos resintiendo hasta entrado el 2027.