CALLES CRIMINALES

Raúl Mandujano

CALLES CRIMINALES

Lo he repetido mucho estos días: Es muy difícil hablar desde la herida de una víctima. Te ahoga la impotencia al saber que un hijo o una hija fue atacada con violencia para robarle un celular.


Y es que los delitos callejeros no importan en la estadística oficial, menos si las víctimas son adolescentes, niñas o ancianos. El descaro de la autoridad municipal, estatal o federal es hacer frías las cifras, deshumanizarlas. Denunciar suena fácil, pero inútil. Para las víctimas es perder el tiempo.


Mire Usted, la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre la Inseguridad Pública 2025 del INEGI, reportó que Toluca registró en promedio mil 500 robos o asaltos en espacios y transporte públicos, mil 500 por cada 100 mil habitantes. Es decir, unos 15 mil atracos callejeros al año que, parecen pocos, pero, existe una cifra por delitos no denunciados que también considera la propia encuesta, y que ascendería a unos 120 mil entre casi un millón de habitantes de la capital. Es decir; 80 de cada 100 víctimas no confían en los agentes ni la policía, menos en denunciar.


Pero no se trata de cuestionar lo que no hace la autoridad, eso ellos lo saben en esa estrategia de asestar golpes mediáticos y de hacer invisibles los que a diario suceden en la calle, en las paradas de autobuses, afuera de las escuelas, en vialidades sin vigilancia, en el transporte público en los horarios de afluencia de trabajadores, estudiantes, amas de casa y presumir reducción de delitos.


De lo que si se trata es intentar comprender la peor agresión, y esa es la ausencia de empatía. La gente en la calle se voltea y no dice nada. Si, duele la normalización de la violencia, duele el llanto de las víctimas y duele el desprecio de quienes prometen que cambiarán las cosas, las terribles cosas que le pasan a las personas a las que irónicamente les piden el voto…


Si de algo sirve esta opinión, le pediría a la autoridad más vigilancia en las calles, no estacionados sin salir de su patrulla, no, así no. Los queremos ver cuidando y no sólo en esos magnos y vistosos operativos como en los alcoholímetros, y sobre todo, que entre nosotros exista una mayor solidaridad, empatía y sororidad con alguna víctima.