En el Estado de México, una de cada seis madres adolescentes no dijeron quién era el padre de la criatura. Entre las de 13 años fueron cuatro de cada diez. El silencio crece cuando la madre es más niña.
Libélula digital por Luis Alfonso Guadarrama Rico
Cada nacimiento de una madre adolescente supone, al menos, la participación de un varón. Pero la estadística vital mexicana —y buena parte de la política pública— ha puesto la mirada casi exclusivamente en ellas: su edad, su escolaridad, su condición conyugal y su ocupación. El varón con quien procrearon, al que denominaré cogestante, aparece de forma desigual en los registros y, en una fracción considerable de los casos, no aparece.
Esa ausencia no es casualidad. Cuando la madre es una niña, la relación sexual que dio origen al embarazo es, por definición legal, no consentida: el Código Penal Federal tipifica como violación equiparada la cópula con personas menores de 15 años. El Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) se refiere a estos casos como fecundidad forzada y sostiene que en ellos «no existe ni es posible que exista consentimiento». En ese contexto, un cogestante no registrado puede ser también un agresor no identificado.
Se trata de una problemática que, lamentablemente, tiene impacto en todo el territorio nacional. En el caso del Estado de México, las cifras revelan que el ocultamiento de estos cogestantes está lejos de ser atendido de manera clara, efectiva, eficiente y palpable. Han fallado, y siguen en falta, tanto el Estado mexicano como el gobierno de la entidad más poblada del país.
Como se sabe, el Estado de México es la entidad con el mayor número absoluto de nacimientos de madres menores de 18 aos: 9,833 en 2025, 557 de ellas de 10 a 14 años. Ello la convierte en un caso relevante para estudiar el ocultamiento del cogestante.
Recientemente procesé casi 400 mil registros de adolescentes mexiquenses que, entre 2015 y 2025, se convirtieron en madres a temprana edad, es decir, cuando tenían entre 10 y 19 años. Y eso, solo entre los nacimientos que llegaron al Registro Civil: las cifras son un piso, no el total.
A los 13 años, cuatro de cada diez adolescentes-madres sin cogestante
De las 398,752 madres adolescentes registradas, 62,625 (15.7%) no registraron al cogestante. Es decir, durante los 11 años analizados el cogestante quedó oculto, en promedio, en casi 16 de cada 100 casos.
Figura 1. Porcentaje de ocultamiento del cogestante según edad de la madre. Estado de México, 2015-2025.

Fuente: elaboración propia con datos de INEGI, Estadísticas de natalidad (nacimientos registrados), 2015-2025.
Puede verse que la proporción desciende sistemáticamente conforme aumenta la edad de la madre: de 85.7% a los 11 años y 63.7% a los 12, hasta 13.1% a los 19 (véase la Figura 1). Es necesario advertir que las niñas-madres de 11 y 12 años sumaron 7 y 91 casos, respectivamente, por lo que esas cifras deben leerse con cautela: en un periodo de 11 años no constituyen una tendencia estadística sólida, aunque sí son motivo de profunda preocupación.
En todas las madres menores de edad el ocultamiento estuvo por encima del promedio estatal; en las de 13 años fue más del doble (41.1%) y en las de 14, casi el doble (28.9%). No se trata solo de una tendencia descriptiva: la prueba de tendencia de Cochran-Armitage, aplicada a casi 400 mil casos acumulados en la entidad, confirma que no es producto del azar (p < 0.001).
Estamos frente a un fenómeno social persistente y desatendido por las políticas públicas en materia de salud sexual y reproductiva para la población adolescente, así como frente a la violencia sexual que padece este segmento de la población.
Cuando ellas dicen: «soy soltera»
Al revisar los cientos de miles de casos ocurridos en suelo mexiquense durante más de una década, salta a la vista que, cuando el cogestante fue ocultado, casi nueve de cada diez adolescentes-madres fueron registradas como «solteras» (86.0%). Cuando el cogestante fue visible, la soltería descendió a 5.1%. Ver tabla 1.
En contraste, cuando se supo quién era el cogestante, ocho de cada diez madres vivían en unión libre. Visto desde el otro lado, el dato es aún más contundente: tres de cada cuatro madres adolescentes registradas como solteras (75.8%) no tienen cogestante en el acta.
Tabla 1. Perfil sociodemográfico de las madres adolescentes según visibilidad del cogestante (%).

Fuente: Guadarrama-Rico, Luis et al., proyecto «Acumulación de desventajas y concentración territorial de la fecundidad adolescente en el Estado de México (2015-2025): evidencia multiescalar para fortalecer las políticas públicas desde la comunicación y la salud». Elaboración propia con datos de INEGI, Estadísticas de natalidad (nacimientos registrados), 2015-2025. Porcentajes del grupo oculto armonizados al total por edad. Se omiten categorías con menos de 0.2% de los casos.
¿Por qué? Parte de la coincidencia obedece a la forma misma del registro: si la adolescente acude sola, suele anotarse como soltera. Pero la magnitud de la brecha exige otras explicaciones. La hipótesis que ahora sostengo es que, en una parte de estos casos, el parentesco consanguíneo de primer o segundo grado lleva a mantener a la adolescente madre en situación de soltería. No es la única explicación posible: también caben el agresor adulto con poder sobre ella, el hombre casado o el abandono. Todas, sin embargo, apuntan a relaciones asimétricas que el registro no alcanza a ver.
Leyes que no llegan a casa
Es cierto que en esta materia se han efectuado modificaciones constitucionales durante las últimas décadas. Se han elaborado y aprobado leyes primarias y secundarias, al tiempo que han progresado una serie de Normas Oficiales Mexicanas que buscan cerrar el paso a los abusos y violencias sexuales y reproductivas que recorren la entidad y el país en su conjunto. Sin embargo, el cambio todavía no capilariza en el tejido social, municipal y comunitario, ni en las familias donde más afecta esta situación. Además, con las recurrentes alocuciones de que el «pueblo» siempre es sabio, las costumbres y rituales que toleran estos abusos se mantienen como altas y fuertes barreras para el cambio.
GEPEA, Estado de México: quince municios para empezar
Llama la atención que recientemente se haya anunciado que, para avanzar hacia la erradicación de la violencia sexual en niñas y adolescentes, bajo el eslogan «Niñas sí, madres no», el SIPINNA haya «priorizado» unos cuantos municipios del país y de la entidad mexiquense. El propósito es avanzar en una de las metas de la Estrategia Nacional para la Prevención del Embarazo en Adolescentes (ENAPEA), alineada con la Agenda 2030: erradicar los nacimientos en niñas de 10 a 14 años.
La investigación científica que se realiza en la Universidad Autónoma del Estado de México y, particularmente, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales debe servir para atender o resolver los problemas que aquejan a la población, especialmente a quienes han sido vulneradas, como las niñas menores de edad.
Si la gobernadora de la entidad, Delfina Gómez Álvarez, y el Grupo Estatal para la Prevención del Embarazo en Adolescentes del Estado de México (GEPEA-Estado de México), quieren atender esta problemática aquí tienen los dos mapas con los que deberían trabajar a nivel municipal: el primero señala los ocho municipios con más casos de cogestante oculto; el segundo, los ocho con la mayor tasa de nacimientos sin cogestante registrado, donde más adolescentes se convierten en madres sin que conste quién las embarazó. Valle de Chalco aparece en ambas listas: son quince municipios para empezar
Figura 2. Nacimientos de madres adolescentes sin cogestante registrado, por municipio. Estado de México, 2015-2025.

Fuente: Guadarrama-Rico, Luis et al., elaboración propia con datos de INEGI, Estadísticas de natalidad (nacimientos registrados), 2015-2025. En el panel B, Valle de Chalco y Tepetlixpa empatan con 55.6.
Esperamos que la toma de decisiones en esta y otras materias esté cada día más apoyada en el conocimiento científico que se genera en la UAEMéx. Porque cada acta con el espacio del padre en blanco es una pregunta que el Estado no ha querido hacer.