LOS MONUMENTOS

Mario Vallejo Soriano

LOS MONUMENTOS

Heteretopías de Mario Vallejo Soriano


 


Cuando tenemos la oportunidad de visitar otros lugares, lejanos, por ejemplo Roma, Italia, dicen que uno no puede dejar de visitar las grandes obras de arte que se encuentran a la vista de todo andante, arte en los edificios, en las plazas públicas, en las calles y avenidas, y en cada uno de ellos bien se puede observar fuentes, monumentos, esculturas o la arquitectura misma.


Elementos culturales y artísticos de las ciudades que reflejan parte de la cultura local que, en muchos casos, trasciende más allá de los mismos lugares y en algunos casos, como Roma, se volvieron parte del patrimonio, no solo de lugar, sino de la humanidad.


Algunas fuentes, por ejemplo, se construyeron con un sentido práctico, fungían para hacer llegar agua potable a la población o “simplemente” como bebederos, pero no solo eso, los edificios de viviendas o de servicios, al margen de su utilidad eran, en la mayoría de los casos, pensados estéticamente.


Muchas de estas creaciones como las esculturas y monumentos, fueron ideados y construidos en entornos comunes, sociales, urbanos, para recordar hechos o actos cruciales de la historia de una sociedad, llámese ciudad o nación, pero otras veces solo para mostrar la expresión artística de los escultores.


Nada nuevo que los gobiernos o gobernantes, le dan cierta importancia al recordatorio de fechas específicas a través de las diversas manifestaciones artísticas, a veces con esculturas, a veces con monumentos o con obras faraónicas a simple capricho o a veces, “sin querer queriendo”.


Me llega a la mente el conjunto escultórico de las Torres de Satélite, ubicado en el municipio de Naucalpan, creado más como un producto mercadológico para vender un ambicioso proyecto urbanístico, que nunca concluyó y, que ironicamente, al paso de los años fue considerada como una verdadera pieza artística.


Situación similar sucedió con el hoy Monumento a la Revolución Mexicana, en la Ciudad de México, pues la estructura que actualmente conocemos, sólo es una parte del malogrado Palacio Legislativo Federal que mandó construir el entonces mandatario Porfirio Díaz en las postrimerías de su gobierno; estructura que años más tarde fue rescatada para honrar al entonces recién concluido movimiento social armado.


Regresando al Estado de México, existen cientos de construcciones, algunos “monumentales”, que al margen de ser estéticos, se vuelcan en símbolos de identidad de los lugareños como el Coyote en ayuno, ubicado en el municipio de Nezahualcóyotl o el Guerrero Chimalli, escultura que se encuentra en el municipio de Chimalhuacán, ambas obras del reconocido artista plástico, Enrique Carbajal "Sebastian" (si no las conoce, afortunados somos de contar con Internet).


Decía que, guardando las debidas proporciones, ambas esculturas, en su momento fueron motivo de críticas por diversos factores, por su estética, su intención social y política, pero sobre todo por el económico. Sin embargo y sin lugar a dudas, han logrado su objetivo: ser ampliamente reconocidos e identificados como parte de una comunidad.


Otro ejercicio de identidad, en el caso de la capital del Estado de México, son las Torres Bicentenario, construidas para conmemorar, justamente, el bicentenario del inicio de la lucha armada por la independencia de México, en el marco de las actividades conmemorativas que se desarrollaron en todo el país.


Las Torres no sólo se miran e identifican por su arquitectuta y su identidad, sino porque ahí se encuentra un espacio museístico, incluso su nombre oficial fue Museo Torres Bicentenario que, en un inicio, estuvo dedicado a la misma lucha armada, pero que en la última administración estatal, se tornó en un museo galería, que tiene o tenía la intención de ser un punto de encuentro para que los artistas emergentes pudieran darse a conocer y comercializar su obra.


Las Torres Bicentenario, como la conocemos populosamente, lograron tener una gran aceptación entre la gente, quienes inmediatamente la hicieron suya y al mismo, desplazaron del imaginario social a la Puerta Tollitzin, que también pretendió dar identidad a los tolucos sin mucho éxito. Sin embargo, el ingenio ciudadano la hizo más famosa cuando nombró a este monumento como “Las jirafas”.


Hoy, las Torres Bicentenerario son ampliamente conocidas, reconocidas y, de uso común, porque bien se puede encontrar como imagen de los servicios de taxis y autobuses o como logo de ciertos eventos sociales o económicos, como lugar de eventos o, simplente, como referente de entrada y salida de la ciudad.


En fin, que estas obras, escultóricas, monumentales, conmemorativas o festivas, se vuelven parte del entono social, obras que crean identidad y unidad, ¿les suena el Monumento a la Independencia, coloquialmente conocido como el Ángel de la Independencia?.


Los monumentos, al menos desde la perspectiva de un espacio, una imagen o una evocación, regularmente buscan recuerdos positivos, porque, acoto, también hay esfuerzos que nunca cuajaron como la tristemente famosa Estela de Luz, también en la Ciudad de México, bautizada coloquialmente como Las Suavicremas, monumento que muy pocos recuerdan, para bien…