Es sano hablar de salud por Ginarely Valencia
Transcurre la segunda semana de la Copa del Mundo 2026 y la fiesta se siente en cada rincón, especialmente en México. Sin embargo, en medio de la euforia mundialista, se presenta un fenómeno casi inevitable: el consumo excesivo de bebidas alcohólicas, impulsado por una arraigada normalización que vincula el disfrute del deporte con la ingesta de alcohol.
De acuerdo con Deloitte -una empresa internacional de consultoría y asesoría financiera- existe un concepto denominado “canasta mundial” que es el conjunto de productos que se adquieren durante un mundial de fútbol. De acuerdo con un análisis, del total del gasto que harán las y los espectadores en este 2026 en nuestro país, entre el 55 y 65 por ciento lo destinan a bebidas alcohólicas, entre el 20 y 25 por ciento a las bebidas no alcohólicas y entre el 15 y 25 por ciento a la compra de snacks y botanas. Esto nos habla de que el alcohol forma parte fundamental de la convivencia mundialista.
Además, no debemos olvidar que uno de los patrocinadores más importantes de la FIFA es la empresa cervecera más grande del mundo, AB InBev, que cuenta con un portafolio de más de 500 marcas en diferentes países, como Grupo Modelo en México. Esto implica que durante el espectáculo deportivo, millones de personas estamos expuestas a estrategias comerciales que vinculan el fútbol con el consumo de bebidas alcohólicas.
Un análisis de la Escuela de Salud Pública de México refiere que cuando una bebida alcohólica se asocia de forma constante con el fútbol, la fiesta, la identidad nacional, la victoria o la convivencia, se puede llegar a normalizar la idea de que beber forma parte natural de disfrutar el deporte.
Es así que la exposición al patrocinio deportivo de alcohol se relaciona con mayores niveles de consumo. Además, la exposición de las juventudes al marketing de alcohol se asocia con el inicio más temprano de su ingesta y con mayor probabilidad de consumo excesivo o conductas de riesgo.
En México, el alcohol es la sustancia psicoactiva más consumida. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT 2025) revela que el 73.7 por ciento de la población -de 12 a 65 años- ha consumido alcohol alguna vez en su vida.
Además, el consumo en nuestro país es de aproximadamente 7.2 litros de alcohol per cápita; con lo que México ocupa la décima posición en América Latina. Entre las bebidas de preferencia se posiciona la cerveza con el 80 por ciento y le siguen los destilados como el tequila, con el 34 por ciento.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el consumo de alcohol es la causa de más de 200 enfermedades, incluyendo padecimientos hepáticos, cardiovasculares y diversos tipos de cáncer.
Señala que las bebidas alcohólicas contienen etanol, que es una sustancia psicoactiva y tóxica cuyas propiedades pueden producir dependencia. Resalta que ninguna forma de consumo de alcohol está exenta de riesgos, incluso, un nivel bajo de consumo de alcohol puede causar daños.
El alcohol se ha utilizado ampliamente en muchas culturas durante siglos, pese a estar asociado a importantes riesgos y daños para la salud; y el entorno deportivo no es la excepción, ya que la relación alcohol-fútbol es un constructo social que se asocia con la euforia, la pertenencia a un grupo y la lealtad hacia un equipo. De esta manera, la ingesta de bebidas embriagantes pierde su estigma de conducta de riesgo y se normaliza como un acto socialmente aceptado que refuerza la euforia colectiva.
En este contexto, la OMS recomienda fortalecer políticas públicas para reducir el consumo nocivo de alcohol, incluyendo restricciones a la publicidad, promoción y patrocinio, sobre todo en competencias internacionales.
Disfrutar plenamente de este histórico mundial de fútbol exige romper con la inercia de los excesos colectivos y establecer límites personales. La verdadera pasión por el deporte no depende del grado de alcohol que se ingiere, sino de la capacidad de vivir el torneo con plena consciencia.