Opinión y análisis de Ginarely Valencia
Ninguna libertad es tan profunda como el privilegio de decidir cómo queremos recorrer el último tramo de nuestra vida. Una facultad que tenemos en el Estado de México junto con 18 entidades más en el país. Se trata de la “Voluntad Anticipada”, un documento donde una persona -en pleno uso de sus facultades mentales y de manera libre- manifiesta su voluntad de no ser sometida a tratamientos y procedimientos médicos innecesarios en caso de una enfermedad terminal o sufrir un accidente.
Hablamos de este tema porque marzo es reconocido en el Estado de México como el "Mes de la Voluntad Anticipada" para promover este derecho y sensibilizar sobre este documento, que tiene carácter preventivo y sólo cobra efecto cuando la persona se encuentra inconsciente o es incapaz de manifestarse debido a su condición física.
Sin embargo, aunque la “Voluntad Anticipada” se promueve como una herramienta de libertad, su implementación enfrenta desafíos y percepciones negativas en la sociedad mexicana:
1. Muchas personas asocian este documento con la eutanasia, lo que genera barreras culturales y religiosas que impiden que el tema se hable abiertamente en familia.
Por ello, se debe aclarar que no es así. La eutanasia está prohibida y penalizada por la Ley General de Salud y el Código Penal Federal en México. Y en la “Voluntad Anticipada”, la persona manifiesta su deseo de no ser sometida a tratamientos innecesarios que prolonguen el sufrimiento cuando no hay esperanza de recuperación, lo que médicamente se conoce como obstinación terapéutica.
Además para considerarse una enfermedad terminal debe estar en etapa avanzada, ser progresiva, incurable, sin posibilidades razonables de respuesta a un tratamiento específico y tener un pronóstico de vida inferior a seis meses.
2. En el documento de “Voluntad Anticipada” debe colocarse un representante y lo más conveniente es que esa persona esté convencida de asumir ese papel y ser consciente que enfrentará complicaciones al tener que dar la instrucción de detener un tratamiento, ya que esto le puede generar mucha presión, sentimientos de culpa, o incluso, fracturas con otros miembros de la familia que no estén de acuerdo con la decisión.
3. En México no contamos con una cultura de prevención, pensamos “a mí no me pasar” y postergamos trámites y no hacemos valer nuestros derechos como éste. Algo que ocurre también con el testamento, que aunque se le dedique todo septiembre a promoverlo, sólo 4.6% de la población adulta en México cuenta con uno.
En el Estado de México, el Acta o en Escritura de Voluntad Anticipada puede realizarse de manera gratuita en hospitales públicos y privados o ante un Notario Público con costo. Los requisitos son: ser mayor de 18 años y estar en pleno uso de sus facultades mentales; acudir con un representante y dos testigos; y presentar identificaciones oficiales vigentes.
Esta coyuntura del "Mes de la Voluntad Anticipada" es una gran oportunidad para que en familia se hable de este tema que mucha veces genera incomodidad, pero que así como tuvimos derecho a vivir, también tenemos derecho a morir con dignidad.
Decidir sobre el final de nuestra vida no es rendirse, es hacer valer nuestra libertad y nuestra autonomía, sobre todo en escenarios de incetidumbre.