LA VERDAD OCULTA

Perícles De Buen Hierro

LA VERDAD OCULTA

Lumbreras por Perícles De Buen Hierro


El pasado 3 de diciembre de 2025, el Ejecutivo Federal presentó ante la Cámara de Senadores el proyecto de Decreto por el que se reforman, adicionan y derogan diversas disposiciones de la Ley Federal del Trabajo, en materia de reducción de la jornada laboral. La iniciativa, como su nombre lo indica, tiene como objetivo central la disminución del tiempo máximo de trabajo, y para ello propone, entre otros aspectos: redefinir la figura de “patrón” o “persona empleadora”; precisar que la “jornada de trabajo” es el periodo durante el cual la persona trabajadora desarrolla actividades subordinadas en favor de la persona empleadora; permitir que dicha jornada pueda distribuirse de común acuerdo entre empleadores y trabajadores; establecer que la duración máxima de la jornada ordinaria será de 40 horas semanales (hasta ocho horas la diurna, siete la nocturna y siete y media la mixta); regular la prolongación de la jornada por circunstancias extraordinarias; reiterar que por cada seis días de trabajo deberá otorgarse, al menos, un día de descanso con goce de salario íntegro; así como implementar el registro electrónico de la jornada laboral, incluyendo horarios de inicio y conclusión, entre otros elementos. Actualmente, la iniciativa se encuentra próxima a discutirse en la Cámara de Senadores.


Si bien la propuesta, en apariencia, resulta benéfica para la clase trabajadora, es necesario cuestionarse diversos puntos clave: ¿qué beneficios reales traería la reducción de la jornada laboral?, ¿el proyecto cumple con las expectativas de quienes trabajan?, ¿una disminución del tiempo de trabajo impacta necesariamente en la productividad?
En principio, la iniciativa ha sido impulsada bajo el argumento de que una reducción de la jornada permitiría mayores periodos de descanso, más tiempo para la convivencia familiar y el desarrollo personal, así como una disminución del desgaste físico y mental. Ello abonaría, en teoría, a un mejor equilibrio entre la vida personal y el trabajo. No obstante, diversos colectivos y sectores que promueven la reducción de la jornada han señalado que la propuesta podría tratarse de una simulación legislativa, al no modificar de fondo el esquema laboral que ha prevalecido en México desde la Constitución de 1917.


Para comprender el alcance del debate, resulta pertinente acudir a la historia. Durante el “Porfiriato”, las jornadas laborales podían extenderse hasta 12 o incluso 14 horas diarias, particularmente en sectores como la minería y la industria textil, donde las condiciones laborales eran precarias y prácticamente inexistentes las garantías para los trabajadores. Figuras como los hermanos Flores Magón fueron fundamentales para encabezar movimientos que exigían mejores condiciones de trabajo, entre ellas la limitación de la jornada a ocho horas diarias. Estas demandas se inspiraron en luchas internacionales y en el célebre lema: “ocho horas para trabajar, ocho para descansar y ocho para vivir”. Como resultado, la Constitución de 1917 estableció por primera vez la jornada máxima de ocho horas, convirtiendo a México en un país pionero en el reconocimiento constitucional de los derechos laborales.


Bajo este contexto, si bien la fijación de una jornada máxima de ocho horas representó en su momento un avance significativo, no puede ignorarse que las condiciones actuales del trabajo demandan un mayor desgaste físico, emocional y familiar. De ahí la necesidad de realizar ajustes equilibrados que permitan a la clase trabajadora contar con descansos adecuados sin afectar la productividad de las organizaciones. Este objetivo no resulta inalcanzable si se observa la experiencia internacional. Países como Francia, con una jornada de 35 horas semanales; Países Bajos, con un promedio de 36 horas; o Dinamarca, con 37 horas a la semana, han demostrado que jornadas más cortas pueden traducirse en una mayor productividad por hora trabajada, mejores salarios promedio, una regulación más estricta de las horas extraordinarias y una cultura laboral centrada en resultados, más que en la mera presencia.


Sin embargo, “la verdad oculta” —título de la película protagonizada por Will Smith en 2015— es que una adecuación al esquema laboral mexicano no puede limitarse a atender, de forma generalizada, las exigencias de reducción de jornada. Es indispensable realizar un análisis profundo y diferenciado de las implicaciones que dicha reforma tendría en los distintos sectores del país: manufactura, servicios, comercio, turismo y campo, entre otros. Notoriamente no todos los sectores pueden reducir sus jornadas en el mismo ritmo ni bajo las mismas condiciones, por lo que se requieren esquemas flexibles que eviten efectos adversos como el desincentivo a la formalización del empleo o la generación de “dobles jornadas” no registradas.


En conclusión, si bien la iniciativa aún está en discusión legislativa y no se ha promulgado oficialmente como ley, se advierte que, un verdadero avance en el esquema laboral mexicano depende de encontrar un equilibrio real entre las necesidades sectoriales y los derechos de la clase trabajadora. Solo a través de un análisis serio, gradual y diferenciado podrá lograrse un modelo sostenible, pues, después de todo, trabajadores y empleadores se necesitan mutuamente.