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Estrena “Monstruo: La historia de Lizzie Borden”, basada en un célebre caso criminal

Estrena “Monstruo: La historia de Lizzie Borden”, basada en un célebre caso criminal


La cuarta temporada de la antología de Ryan Murphy retoma los asesinatos de Andrew y Abby Borden y reconstruye el juicio que convirtió a Lizzie en una figura de la cultura popular.

La historia de Lizzie Borden, una mujer acusada de asesinar a su padre y a su madrastra en 1892, vuelve a la pantalla con Monstruo: La historia de Lizzie Borden, cuarta temporada de la antología de Netflix creada por Ryan Murphy e Ian Brennan.


La producción retoma los crímenes ocurridos el 4 de agosto de 1892 en Fall River, Massachusetts, cuando Andrew Borden, de 70 años, y su esposa Abby Borden fueron encontrados muertos dentro de su vivienda tras recibir múltiples golpes con un hacha.


Lizzie, hija de Andrew y una de las personas que se encontraba en la casa aquel día, se convirtió rápidamente en la principal sospechosa. Sin embargo, después de un proceso judicial que atrajo la atención de todo Estados Unidos, fue declarada no culpable el 20 de junio de 1893.


Las sospechas sobre Lizzie estuvieron relacionadas con distintos elementos de la investigación. Entre ellos se encontraban las contradicciones en sus declaraciones, su presencia en la vivienda al momento de los asesinatos y el hallazgo de un hacha con el mango roto en el sótano.


También se investigó un vestido que Lizzie habría quemado y que una vecina consideró que podía tener manchas de sangre. La joven aseguró que las marcas correspondían a pintura.


Otro de los elementos analizados durante la investigación fue la declaración de un farmacéutico, quien afirmó que Lizzie había intentado adquirir ácido prúsico poco antes de los asesinatos. Su defensa sostuvo posteriormente que el producto sería utilizado para limpiar prendas de piel.


La mañana de los crímenes, Abby fue asesinada primero. De acuerdo con la investigación forense, recibió 18 golpes de hacha. Andrew regresó posteriormente a la vivienda y fue atacado mientras se encontraba en la sala; recibió entre 10 y 11 golpes.


La empleada doméstica de la familia, Bridget “Maggie” Sullivan, fue quien escuchó los gritos de Lizzie y acudió para encontrar a Andrew muerto. Poco después, las autoridades localizaron también el cuerpo de Abby. 


Durante los primeros interrogatorios, Lizzie ofreció distintas versiones sobre sus movimientos durante la mañana del crimen. En una audiencia celebrada el 8 de agosto de 1892, declaró haber estado en diferentes espacios de la vivienda, mientras que posteriormente atribuyó parte de sus declaraciones a los efectos de la morfina que recibía para controlar sus nervios.


El 11 de agosto de 1892 fue emitida una orden de arresto en su contra y posteriormente quedó encarcelada. El caso llegó a juicio en junio de 1893.


Sin embargo, la fiscalía no consiguió demostrar que el hacha localizada en el sótano hubiera sido el arma utilizada en los asesinatos. Tampoco se conservaron las prendas que habían sido consideradas como evidencia y no pudo establecerse con certeza dónde se encontraba Lizzie exactamente al momento de los ataques.


El jurado, integrado exclusivamente por hombres, deliberó durante aproximadamente 40 minutos antes de emitir un veredicto de no culpabilidad. 


Tras ser absuelta, Lizzie recibió parte de la herencia de su padre y, junto con su hermana Emma, se mudó a una vivienda más grande en una zona de mayor prestigio de Fall River.


Aunque legalmente quedó libre de responsabilidad por los asesinatos, su reputación quedó marcada por el caso. Con el paso de los años se alejó de parte de la vida religiosa que había mantenido antes del juicio y tuvo un distanciamiento definitivo con su hermana Emma.


Lizzie Borden murió el 1 de junio de 1927, a los 66 años, a causa de una neumonía. Emma falleció nueve días después. Ambas fueron sepultadas en la parcela familiar del cementerio Oak Grove, en Fall River.


El misterio, sin embargo, permaneció abierto: nunca se estableció judicialmente quién asesinó a Andrew y Abby Borden. 


La nueva producción también coloca en el centro de la historia a Bridget “Maggie” Sullivan, la empleada doméstica de los Borden, interpretada por Vicky Krieps.


Sullivan era una inmigrante irlandesa de 26 años que trabajaba para la familia cuando ocurrieron los asesinatos. De acuerdo con su testimonio, se encontraba limpiando las ventanas exteriores cuando Abby fue asesinada y posteriormente descansaba en su habitación cuando Andrew fue atacado.


Después del juicio, Sullivan abandonó Fall River y se trasladó a Montana. Posteriormente se casó y llevó una vida alejada de la atención pública hasta su muerte en 1948.


La serie presenta una relación mucho más cercana entre Bridget y Lizzie y plantea incluso un vínculo romántico entre ambas. Sin embargo, no existen pruebas históricas que confirmen que mantuvieron una relación amorosa. 


La producción de Netflix toma elementos documentados del caso, pero también incorpora situaciones y relaciones que forman parte de una interpretación dramática.


En la serie, Bridget aparece como una figura fundamental en los acontecimientos y se plantea que habría influido en Lizzie, además de participar en el supuesto plan para asesinar a los Borden. La ficción incluso presenta un romance entre ambas.


Estos elementos no están comprobados por la evidencia histórica disponible. Los rumores sobre la vida personal de Lizzie también surgieron posteriormente a partir de que permaneció soltera y de sus relaciones de amistad, incluida la que mantuvo con la actriz Nance O’Neil.


La figura de Lizzie Borden trascendió el expediente judicial y se convirtió en parte de la cultura popular estadounidense. Una rima infantil que comenzó a circular poco después de los asesinatos contribuyó a mantener vivo su nombre, mientras que posteriormente su historia fue retomada en películas, series, obras teatrales y libros.


Ahora, más de un siglo después de los crímenes, Monstruo: La historia de Lizzie Borden vuelve a explorar el caso desde una perspectiva dramatizada, combinando personajes históricos, elementos documentados y licencias creativas para reconstruir uno de los misterios criminales más conocidos de Estados Unidos. 


 


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