Opinión y Análisis del Mtro. Paul Valdés
Director de Parámetro Investigación SC
La propuesta del Presidente ya ganó porque ha dominado la conversación pública de las últimas semanas, y ha despertado un choque de narrativas extremas que van desde la transformación del INE para evitar fraudes y regresarselo al pueblo hasta la defensa a ultranza del sistema electoral. Sin embargo, las posiciones intermedias brillan por su ausencia, por lo que parece poco probable que sea aprobada como se presento originalmente. Habrá que esperar la posición de los partidos como el PRI que aún no se han pronunciado para saber el rumbo que tomará en los próximos días.
La propuesta de reforma electoral del Presidente Lopez Obrador ha despertado un choque de narrativas que están polarizando a la opinión pública. El Presidente propone transformar al INE para garantizar que no haya fraude electoral, acusando que una oligarquía se ha apoderado de este. Por otro lado, principalmente desde el PAN, empresarios e iglesia se buscar generar una narrativa para defender la garantia de imparcialidad y profesionalismo del árbitro electoral. Al respecto, el PRI no se ha pronunciado claramente, y esto ha generado incertidumbre. AMLO gana doble porque es consistente con su narrativa histórica en contra del Instituto Electoral, y porque impone sus temas en el campo que más le conviene: el ideológico.
La propuesta tiene puntos que pueden ser positivos si se consensan adecuadamente como la reducción de plurinonimales en ambas cámaras, la reducción de financiamiento público a los partidos, y la posibilidad de tener voto electrónico que de acuerdo a diversas encuestas alcanzan niveles de aprobación de alrededor del 80% de acuerdo a diversas encuestas como la del Financiero y del propio INE, sin embargo, esta propuesta contiene puntos que pueden afectar capacidades sustanciales. Una de ellas es la integración de los consejeros a partir de una lista propuesta por el Ejecutivo y Legislativo, para posteriormente ser elegidos por voto popular. Esto puede reforzar el dominio de Morena o de cualquier otro partido que cuente con mayoría en ambas cámaras. Otra función sustancial ha sido el control y gestión de la credencial de elector lo que le brinda autonomía, que a propuesta del Presidente busca retirar del INE, lo que representaría una regresión de más de 3 décadas cuando las elecciones dependían del la comisión electoral de la Secretaría de Gobernación.
En realidad, el problema no es el árbitro electoral, sino los jugadores que no están de acuerdo con los reglas alimentados por una cultura histórica de desconfianza electoral. Después de la elección presidencial del 2006, alrededor del 35% de la población mexicana señalba que hubo fraude en esa elección. Sistemáticamente, los ciudadanos desconfían de la imparcialidad de las elecciones, puesn casi la mitad de los electores sospecha de fraude en cada elección.
La propuesta del Presidente es popular, y el sistema electoral requiere reformas, sin embargo habrá que hacerlo de forma adecuada para garantizar la imparcialidad, transparencia y profesionalismo del árbitro. La democracia no nació con el triunfo de AMLO en 2018. La construcción de la democracia electoral tiene más de tres décadas, y ayudo a generar las condiciones para que se diera la alternancia política en el año 2000, el triunfo de derechas e izquierdas en las últimas décadas, y esto podrían verse en riesgo con la actual reforma.
La propuesta del Presidente ya ganó porque ha dominado la conversación pública de las últimas semanas, y ha despertado un choque de narrativas extremas que van desde la transformación del INE para evitar fraudes y regresarselo al pueblo hasta la defensa a ultranza del sistema electoral. Sin embargo, las posiciones intermedias brillan por su ausencia, por lo que parece poco probable que sea aprobada como se presento originalmente. Habrá que esperar la posición de los partidos como el PRI que aún no se han pronunciado para saber el rumbo que tomará en los próximos días.