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Desigualdad social y post pandemia

Desigualdad social y post pandemia

Demandas insatisfechas y una sociedad más crítica y consciente de derechos y libertades evidencia la necesidad de políticas públicas de largo alcance para salir de la crisis en América Latina, más allá de la sálida fácil de populismos de izquierd

15/10/2021 |   Toluca |   Paul Valdés Cervantes

Latinobarómetro es una serie de encuestas en 18 países de América Latina. Algunos de los resultados más recientes destacan un ligero crecimiento del apoyo a la democracia como forma de gobierno, al pasar de 57% en 2018 a 60% en 2020. Esta subida es vista como una capacidad de resiliencia ante la crisis, advirtiendo de una constante desconfianza en la política, cuestionamientos a la desigualdad social, y la vulnerabilidad institucional.


La crisis del coronavirus aumento el número de pobres en 50 millones a nivel regional, y desnudó la vulnerabilidad del estado para responder a la crisis sanitaria, económica, social. En México, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (CONEVAL) evidenció el aumento de 3.8 millones de pobres entre 2018 y 2020. Si no resolvemos la enorme desigualdad, es posible que esto sea causa de inestabilidad y conflictos.


De acuerdo al reporte (www.latinobarometro.org), la mitad de los latinoamericanos perciben que su país esta estancado. La década pasada 2010-2020 registró uno de los más bajos crecimientos económicos en décadas, particularmente en la segunda mitad como consecuencia de la caída de los precios de las materias primas, actividad sustancial de la mayoría de las economías latinoamericanas. La pandemia ha empeorado el bienestar social en la región, alertando en la necesidad de aliviar la enorme brecha de desigualdad social. 30% de la población
en la región perciben que su sociedad esta en retroceso. Si sumamos los porcentajes de retroceso y estancamiento, el 80% de la población registra percepciones negativas sobre la situación económica, y solo 20% perciben que su país esta progresando. México se ubica ligeramente por encima del promedio latinoamericano, pues 22% de la población considera que estamos progresando, 25% cree que estamos en retroceso, y 53% estancados. El país con mayor percepción de progreso es El Salvador con 68%, y Venezuela el peor, con 6% que percibe progreso.


Como consecuencia de la baja respuesta institucional para resolver sostenidamente las crisis, se están registrando consistentemente votos de castigo y alternancia política, tal como sucedió en las elecciones celebradas durante la pandemia. Los ganadores de las elecciones han llegado con mensajes antisistema, propuestas para disminuir la desigualdad y combatir la corrupción.


En relación a la distribución del ingreso, una gran mayoría (82%) manifiestan que esta es injusta y muy injusta, y solamente 1 de cada 5 personas (18%) percibe que es muy justa y justa. La proporción de insatisfechos mexicanos con la distribución del ingreso es ligeramente superior con 23% en relación al promedio regional (18%).


En cuanto a la percepción de corrupción, una mayoría de la población (69%) cree que se ha progresado poco y nada en su combate, y 31% que se ha progresado mucho y algo. México se ubica ligeramente por encima del promedio latinoamericano con 34% que manifiesta un sentir positivo, y 66% que manifiesta un sentir negativo. El país que registra la mayor proporción de positivos en toda la región es El Salvador con 56%. El pequeño país centroamericano es presidido por el joven político Nayib Bukele, que con videos en youtube y en twitter parece más cercano al estilo de un influencer de redes sociales, que a un político tradicional.


Demandas insatisfechas y una sociedad más crítica y consciente de derechos y libertades evidencia la necesidad de políticas públicas de largo alcance para salir de la crisis en América Latina, más allá de la sálida fácil de populismos de izquierda o derecha.







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