La estabilidad de un gobierno

Arturo Argente

La estabilidad de un gobierno

Henry Alfred Kissinger o Heinz Alfred Kissinger nace en Fürth, Baviera, República de Weimar un 27 de mayo de 1923, es un político estadounidense de origen judeoalemán que tuvo una gran influencia sobre la política internacional de los Estados Unidos. Ejerció como secretario de estado durante los mandatos de Richard Nixon y Gerald Ford, desempeñando una importante función en la política exterior de Estados Unidos entre 1969 y 1977. Kissinger se caracterizó por llevar las riendas de un proceder internacional agresivo siendo el artífice de la denominada “política de distensión” con la Unión Soviética y China, país con el cual logró, durante el mandato de Richard Nixon, consolidar relaciones pacíficas. Su presencia es importante para conocer la escuela del “realpolitik”.


Desde la Antigüedad, remontándonos a los pensadores griegos clásicos hasta la visión de Maquiavelo, particularmente tras su estudio El Príncipe” publicado en 1532, se analizó la postura que adopta un gobierno para consolidar su estabilidad. El concepto de “realpolitik” fue un intento de cómo construir una nación en un entorno cambiante, sin recurrir a la represión. Para tener éxito, el hombre de estado debía entender las circunstancias históricas en que estaba operando y las condiciones de una era cambiante en su entorno económico, político e intelectual.


Henry Kissinger es conocido por su enfoque pragmático y realista de la política exterior, más allá de los valores éticos, su postura como diplomático era ¡tenemos que ganar, no importa el costo de esta misión, se tiene que ganar, cueste lo que cueste! Esto fue crucial durante la guerra fría cuando fue consejero de seguridad nacional de Nixon y tuvo posicionamientos como la lógica de “la mesa de 3 patas”, esto era básicamente que para mantener el equilibrio mundial durante la guerra fría era necesario crear una rivalidad entre la Unión Soviética y China. Para esto era necesario convencer a la China comunista que se tenía que abrir al mundo y, en consecuencia, se acercara a Estados Unidos como una forma de distraer a la URSS para reducir las tensiones que existían en aquel momento.  También logró negociar la salida de país de la guerra de Vietnam conservando algo de su dignidad con los acuerdos de París de 1973 que concluyeron ese conflicto y que le dieron el premio nobel de la paz. Pero mientras se presentaba como un gran pacificador al mismo tiempo gestaba algo maquiavélico, al estructurar un golpe de estado en Chile contra el gobierno democrático de Salvador Allende. En 1973 Kissinger sabía que no podía permitir que un país como Chile se arruinara por la irresponsabilidad de una administración de izquierda y lleva a cabo un intervencionismo de su país que, de acuerdo con documentos oficiales, planeó y llevo a cabo una serie de operaciones que contribuyeron a debilitar la economía chilena, desestabilizar al gobierno y finalmente llevar a un fulminante golpe de estado. Su resultado fue una cruel dictadura encabezada por Augusto Pinochet que duraría 17 años y que dejó miles de muertos y unas 40,000 personas torturadas además de un país que 50 años después sigue dividido.


Kissinger siguió vigente con Donald Trump y a la inversa de Nixon, le recomendó acercarse a Rusia para contener el creciente poder de China por qué para eso es la “realpolitik” y que importa si toda una población sufre, lo importante es que aquellos que están en el poder puedan satisfacer sus metas. La “realpolítik” ha sido muy rentable para diversos gobiernos, pero no lo ha sido para una sociedad cada vez más desigual y dividida. Es momento de abrirle un espacio a una política orientada a la gente y no al poder, una política más humana que se enfoque en la dignidad de las personas.