VIDA PUBLICA de Arturo Huicochea Alanis
Hay una paradoja en las encuestas rumbo a 2027 que los partidos de oposición deberían estar estudiando con urgencia.
No basta con decir que Morena gobierna mal. Los datos empiezan a mostrar algo más interesante: en algunos estados existe un espacio social importante para la alternancia, pero los partidos opositores no han conseguido convertirse en la alternativa que ese electorado está buscando.
Michoacán es el ejemplo perfecto. La encuesta de La Crónica, coordinada por Carlos Olivares Plata, registra que 58% de los ciudadanos prefiere que gobierne otro partido y apenas 29% quiere que continúe Morena. Sin embargo, Morena encabeza la preferencia partidista con 25%, mientras PAN y PRI apenas alcanzan 16% y 7%, respectivamente. Además, 45% afirma que nunca votaría por Morena.
La pregunta es inevitable: si existe un electorado que quiere alternancia, ¿por qué no está votando masivamente por la oposición?
Porque querer que Morena pierda no significa automáticamente querer que gobierne el PRI, el PAN o Movimiento Ciudadano.
Ese es el verdadero problema.
Querétaro ofrece la lección inversa. Ahí el PAN alcanza 52%, Morena 18% y 45% declara que nunca votaría por Morena. Pero el dato verdaderamente importante es otro: existe una fuerza política local reconocible, un gobierno bien evaluado y una base partidista capaz de convertir esa evaluación en intención de voto.
Eso es lo que la oposición necesita aprender.
No basta con tener razón. Hay que tener capacidad de conversión.
Morena posee tres activos formidables: identidad partidista, presencia territorial y una conversación política permanente. En Campeche, por ejemplo, Morena obtiene 30% de intención de voto frente a 25% de MC, pero una parte sustantiva de quienes votarían por Morena se identifica con el partido, mientras la base partidista de MC es considerablemente menor.
En Tlaxcala ocurre algo semejante: 62% desaprueba a la gobernadora, pero Morena obtiene 40% de intención de voto y 47% quiere que continúe gobernando. La oposición no logra superar siquiera un dígito.
Aquí está la lección:
La oposición está intentando ganar elecciones sin haber construido previamente una alternativa de gobierno.
Y tampoco ha conseguido algo todavía más elemental: liderar la conversación.
La política contemporánea ya no se gana solamente en mítines, espectaculares o spots. Se gana ocupando diariamente la agenda ciudadana: detectando problemas, explicándolos, proponiendo soluciones, generando conversación, construyendo comunidades y convirtiendo atención en confianza; confianza en participación; participación en voto.
Eso es una estrategia integral de conversión política digital.
No se trata de publicar más. Se trata de construir un embudo:
ATENCIÓN → INTERÉS → IDENTIFICACIÓN → CONFIANZA → PARTICIPACIÓN → MOVILIZACIÓN → VOTO.
La oposición necesita dejar de reaccionar a Morena y comenzar a disputar la agenda. Necesita datos, narrativa, contenidos, liderazgos digitales, segmentación, escucha social, comunidades, candidatos posicionados y una oferta de gobierno concreta.
Porque hay una oportunidad.
Lo que falta no es necesariamente inconformidad ciudadana.
Lo que falta es convertirla en alternativa.
Y mientras la oposición no lo haga, Morena podrá seguir ganando incluso allí donde una parte importante de la sociedad ya está pensando en cambiar de gobierno.
La alternancia no se hereda. Se construye. Y, en 2027, habrá que construirla también desde la pantalla.