En el marco del 75 aniversario de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM, el antropólogo y teórico cultural Néstor García Canclini alertó sobre cómo la integración total a las redes sociodigitales ha transformado a las personas en proveedores permanentes de datos. Acompañado por el director de la facultad, Alejandro Chanona Burguete, el pensador argentino explicó que acciones cotidianas como usar el correo electrónico, realizar trámites o compartir rutas y gustos alimentan algoritmos y cámaras que consolidan una vigilancia constante. Con un toque de ironía sobre nuestra alienación actual, Canclini señaló que hoy cruzamos las calles con la mirada fija en los dispositivos, más atentos a la pantalla que a los peligros reales del entorno físico, evidenciando una dependencia tecnológica que redefine nuestra presencia en el espacio público.
El análisis de Canclini contrastó la promesa inicial de las tecnologías digitales con su realidad corporativa actual. Mientras que en la primera década del siglo XXI se percibía a las plataformas como herramientas de horizontalidad capaces de recuperar la voz pública frente a instituciones que ya no representaban a la ciudadanía, hoy la situación es más ambivalente. Si bien es cierto que las redes como Instagram o X siguen siendo espacios para convocar marchas y planear pliegos petitorios, la propiedad de estas plataformas por parte de un puñado de corporaciones y sus alianzas con gobiernos nos han desplazado de una sociedad civil activa hacia una "sociedad de vigilancia". Esta mutación ha revolucionado las disputas de poder y las interacciones entre comunidades e instituciones, generando nuevas y profundas formas de desigualdad digital.
Finalmente, el teórico propuso que la gestión algorítmica ha provocado una atomización de la información que erosiona el papel de los medios públicos colectivos y las asambleas tradicionales. A diferencia de la era de los "ciudadanos mediáticos", donde la radio y la televisión construían agendas públicas —con todos sus sesgos y polémicas—, las plataformas actuales se dirigen al usuario de forma individual, reduciendo la convivencia comunitaria. Canclini enfatizó que la transición de la videopolítica televisiva a la gestión de datos por inteligencia artificial ha fragmentado la conversación social, eliminando los espacios de debate colectivo y sustituyéndolos por interacciones atomizadas que sirven más a intereses corporativos que al fortalecimiento de la democracia.
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