No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba.
Séneca (2 AC-65) Filósofo latino.
MAESTROS SIN TRABAJO, ESCUELAS SIN MAESTROS Y NORMALES EN VÍAS DE EXTINCIÓN
Con la decisión tomada por la Secretaría de Educación Pública Federal, para que cualquier profesionista que se someta a las evaluaciones diseñadas por la autoridad, al superar en competencia a otros aspirantes pueda ocupar una plaza de profesor frente al grupo, debemos confiar en que los instrumentos son idóneos para seleccionar individuos, no sólo con conocimientos, sino con habilidades suficientes, además de una profunda convicción y vocación para ejercer este apostolado y formar mejores individuos, capaces de sobrevivir en sociedad civilizadamente.
Junto a esa decisión se determinó que los estudiantes de las Escuelas Normales -con décadas de historia como instituciones especializadas en la formación de profesores e investigadores de los retos, resultados y oportunidades del sistema educativo- ya no tendrían asegurada una de las codiciadas plazas laborales al concluir sus estudios, lo que en un país donde el desempleo o la inestabilidad en el trabajo así como carencia de prestaciones laborales es creciente, equivalió a una sentencia de muerte con agonía lenta para esas escuelas formadoras.
La reducción de hasta el cincuenta por ciento del número de aspirantes a estudiar una licenciatura en alguna especialidad de educación en las Escuelas Normales de Profesores en su más reciente proceso de selección de ingreso, es un fiel reflejo del poco entusiasmo que despierta en los jóvenes ejercer una profesión tan demandante, con una durísima competencia donde la especialidad resulta una desventaja laboral, por una paga que no resulta nada grandiosa, y por la que además habría que volver a competir con cierta periodicidad para permanecer. Todo un cambio cultural sin duda.
Para la sociedad en general a primera vista parece la creación de un círculo virtuoso, dónde se estarían depurando las plantillas de profesores para colocar como responsables directos de la enseñanza a los mejores y no a los temerosos de la competencia y el desempleo. Viéndolo detenidamente, también hay cierto riesgo de colocar ahí a los que con algo de conocimiento en otras áreas de especialidad, no lograron colocarse y ven en la educación pública una alternativa sí, pero no es el campo prioritario para ejercer una vocación que no sintieron de origen.
Me preocupa particularmente el nivel de educación básica ¿Cómo podrá un especialista en derecho, en administración o en biología enfrentarse a un grupo de adolescentes inquietos e hiperinformados y tecnologizados? Peor aún, ¿cómo podría trasmitir con eficacia conocimientos en cualquier materia a los grupos de infantes sin métodos, técnicas y herramientas para ello? Es una trampa discursiva y ojalá que las autoridades educativas que se encargaron de diseñar la reforma que nos tiene aquí, prevean que no se puede sacrificar generaciones de educandos con experimentos arriesgados e incalculados.
Hoy hay profesores licenciados buscando ganarse la vida en actividades diversos a la educación, ya sea porque no obtuvieron una plaza o porque lo que les ofrecen económicamente es ínfimo en comparación con lo que se les exige y lo que implica ubicarse en los lugares donde los envían por necesidad del servicio; de las condiciones deficientes de miles de escuelas habría que ocuparse aparte, mientras se cumple la promesa presidencial de mejora para que estén al 100.
En este momento tendría que ser inconcebible por ejemplo, que una escuela secundaria en ocho meses no consiga un profesor de matemáticas, ni que no tengan sustitutos capaces de asegurar que los alumnos no pierdan el tiempo. La reforma educativa no tendría que ser la explicación a las dificultades para mantener a un profesor capaz frente a los grupos.
Para que las Escuelas Normales de Profesores subsistan, el reto sería reinventarse y hacer patente que hay una diferencia significativa en la formación que ofrecen, así como una ventaja competitiva de los egresados para superar sin problema los procesos de selección y certificación de profesores, por encima de cualquier otro profesionista que compitiera.
En medio de esta "crisis" esa podría ser la oportunidad de constituirse en factor de mejora del sistema educativo al acercarnos a la circunstancia que con esta falta de garantía laboral, los que ahí estudien lo hagan por vocación, dispuestos a competir y a demostrar que son los idóneos para estar frente a los grupos y así ratificarse. Algunos resultados apuntan que la mayoría de los normalistas evaluados, resultan idóneos para la enseñanza. Algo más hay que hacer seguramente para que eso se traduzca en buenos resultados de aprovechamiento o revisar los instrumentos de diagnóstico.
Recuerdo de mis años de Primaría, cuando cursaba el Tercer grado en la escuela Miguel Alemán de Toluca, mi maestra de nombre Rosa García –nombre quizá de lo más común pero con una vocación y entrega extraordinaria- nos hacía entrar una hora antes que todos y salir cuando menos media hora después, la más temida por los ignorantes muchachos, la más codiciada y respetada por los esforzados padres, muchos deseaban que sus hijos se formarán en su aula y pocos teníamos el privilegio.
Pocos entendíamos en aquel entonces la gran valía que representaba que ella entregara más de hora y media adicional de su tiempo para que aprendiéramos más y nos revisaba con el mayor rigor, a ello debo haber mejorado afición lectora, la ortografía, redacción, matemáticas y algo del orden y limpieza para trabajar entre otras cosas. Ella hizo lo que pudo.
Agradezco y felicito tomándola como referente, a todos los maestros de los que poco o mucho aprendí, en primaria y secundaria, pugnando como se pueda porque los extraordinarios sean la regla y no la excepción. Estamos en el camino.
RECIBO SUS COMENTARIOS EN oglenn@gmail y @oscarglenn
Séneca (2 AC-65) Filósofo latino.
MAESTROS SIN TRABAJO, ESCUELAS SIN MAESTROS Y NORMALES EN VÍAS DE EXTINCIÓN
Con la decisión tomada por la Secretaría de Educación Pública Federal, para que cualquier profesionista que se someta a las evaluaciones diseñadas por la autoridad, al superar en competencia a otros aspirantes pueda ocupar una plaza de profesor frente al grupo, debemos confiar en que los instrumentos son idóneos para seleccionar individuos, no sólo con conocimientos, sino con habilidades suficientes, además de una profunda convicción y vocación para ejercer este apostolado y formar mejores individuos, capaces de sobrevivir en sociedad civilizadamente.
Junto a esa decisión se determinó que los estudiantes de las Escuelas Normales -con décadas de historia como instituciones especializadas en la formación de profesores e investigadores de los retos, resultados y oportunidades del sistema educativo- ya no tendrían asegurada una de las codiciadas plazas laborales al concluir sus estudios, lo que en un país donde el desempleo o la inestabilidad en el trabajo así como carencia de prestaciones laborales es creciente, equivalió a una sentencia de muerte con agonía lenta para esas escuelas formadoras.
La reducción de hasta el cincuenta por ciento del número de aspirantes a estudiar una licenciatura en alguna especialidad de educación en las Escuelas Normales de Profesores en su más reciente proceso de selección de ingreso, es un fiel reflejo del poco entusiasmo que despierta en los jóvenes ejercer una profesión tan demandante, con una durísima competencia donde la especialidad resulta una desventaja laboral, por una paga que no resulta nada grandiosa, y por la que además habría que volver a competir con cierta periodicidad para permanecer. Todo un cambio cultural sin duda.
Para la sociedad en general a primera vista parece la creación de un círculo virtuoso, dónde se estarían depurando las plantillas de profesores para colocar como responsables directos de la enseñanza a los mejores y no a los temerosos de la competencia y el desempleo. Viéndolo detenidamente, también hay cierto riesgo de colocar ahí a los que con algo de conocimiento en otras áreas de especialidad, no lograron colocarse y ven en la educación pública una alternativa sí, pero no es el campo prioritario para ejercer una vocación que no sintieron de origen.
Me preocupa particularmente el nivel de educación básica ¿Cómo podrá un especialista en derecho, en administración o en biología enfrentarse a un grupo de adolescentes inquietos e hiperinformados y tecnologizados? Peor aún, ¿cómo podría trasmitir con eficacia conocimientos en cualquier materia a los grupos de infantes sin métodos, técnicas y herramientas para ello? Es una trampa discursiva y ojalá que las autoridades educativas que se encargaron de diseñar la reforma que nos tiene aquí, prevean que no se puede sacrificar generaciones de educandos con experimentos arriesgados e incalculados.
Hoy hay profesores licenciados buscando ganarse la vida en actividades diversos a la educación, ya sea porque no obtuvieron una plaza o porque lo que les ofrecen económicamente es ínfimo en comparación con lo que se les exige y lo que implica ubicarse en los lugares donde los envían por necesidad del servicio; de las condiciones deficientes de miles de escuelas habría que ocuparse aparte, mientras se cumple la promesa presidencial de mejora para que estén al 100.
En este momento tendría que ser inconcebible por ejemplo, que una escuela secundaria en ocho meses no consiga un profesor de matemáticas, ni que no tengan sustitutos capaces de asegurar que los alumnos no pierdan el tiempo. La reforma educativa no tendría que ser la explicación a las dificultades para mantener a un profesor capaz frente a los grupos.
Para que las Escuelas Normales de Profesores subsistan, el reto sería reinventarse y hacer patente que hay una diferencia significativa en la formación que ofrecen, así como una ventaja competitiva de los egresados para superar sin problema los procesos de selección y certificación de profesores, por encima de cualquier otro profesionista que compitiera.
En medio de esta "crisis" esa podría ser la oportunidad de constituirse en factor de mejora del sistema educativo al acercarnos a la circunstancia que con esta falta de garantía laboral, los que ahí estudien lo hagan por vocación, dispuestos a competir y a demostrar que son los idóneos para estar frente a los grupos y así ratificarse. Algunos resultados apuntan que la mayoría de los normalistas evaluados, resultan idóneos para la enseñanza. Algo más hay que hacer seguramente para que eso se traduzca en buenos resultados de aprovechamiento o revisar los instrumentos de diagnóstico.
Recuerdo de mis años de Primaría, cuando cursaba el Tercer grado en la escuela Miguel Alemán de Toluca, mi maestra de nombre Rosa García –nombre quizá de lo más común pero con una vocación y entrega extraordinaria- nos hacía entrar una hora antes que todos y salir cuando menos media hora después, la más temida por los ignorantes muchachos, la más codiciada y respetada por los esforzados padres, muchos deseaban que sus hijos se formarán en su aula y pocos teníamos el privilegio.
Pocos entendíamos en aquel entonces la gran valía que representaba que ella entregara más de hora y media adicional de su tiempo para que aprendiéramos más y nos revisaba con el mayor rigor, a ello debo haber mejorado afición lectora, la ortografía, redacción, matemáticas y algo del orden y limpieza para trabajar entre otras cosas. Ella hizo lo que pudo.
Agradezco y felicito tomándola como referente, a todos los maestros de los que poco o mucho aprendí, en primaria y secundaria, pugnando como se pueda porque los extraordinarios sean la regla y no la excepción. Estamos en el camino.
RECIBO SUS COMENTARIOS EN oglenn@gmail y @oscarglenn