Heteretopias por Mario Vallejo Soriano
Hay de formas a formas. Se me ocurren tantas que llenaría esta y otra página más para describirlas, pero no tengo toda la página y quizá, usted amable lector, no tiene el tiempo suficiente para leer una página completa, el interés o simplemente no se le antoja tanto texto. Punto.
Pero regresemos a otras formas como la que usted se encuentra haciendo ahora mismo. Una de ellas es la curiosidad natural. El acercamiento para, simplemente ver el objeto y explorarlo. Los más aventurados quizá comiencen adentrarse en una historia, quizá de imágenes, quizá de letras. Las personas más pequeñas en sus primeros acercamientos con imágenes en colores vivos e ilustraciones ad hoc.
Otra forma puede ser por la exposición permanente, sobre todo en la casa, en los hogares, algunos con muchos, algunos con pocos, pero siempre a la vista, no importa si están ordenados o no, si se encuentran por tamaño, en pilas, por color, título o colección, nuevos o antiguos, en la cabecera de la cama o en los estantes, pero ahí están, siempre vigilantes.
Una más por recomendación, porque alguien que ya lo experimentó nos lo comenta o platica, aquella persona que tiene los mismos gustos e intereses, quizá con camino más andado, con más conocimiento o, quizá, todo lo contrario, aquella que con cierta calidad moral dice que no, que ese texto en particular no tiene nada de bueno y que por el contrario, es más bien "dañino". Esa es otra forma, la de hacer lo prohibido, de conocer el origen de lo vedado, clandestinamente.
De manera general o común en este país la lectura se inicia por instrucción formal es decir, en la escuela, con la alfabetización, con las primeras letras, con los cuentos e historias y, por supuesto, con los libros de texto, para más tarde adentrarse a este ejercicio obligatorio. No hay opción.
Ya enfrascados en el aprendizaje escalonado, constructivista, las letras, la lectura puede tornarse insoportable, pero necesaria, primero para la formación académica y si hay gusto, para la recreación, felicidad, alegría, emoción y hasta la reflexión.
Entonces, aunque existe una iniciación general, hay muchas y muy diversas formas de acercarse a los libros, a la lectura, a esa actividad que debería ser lúdica para el grueso de la gente y no una carga. Sobre este hecho pueden esgrimirse explicaciones, de hecho hay cientos de escritos y reflexiones sobre la lectura, sobre su acercamiento y también de la falta de lectores y de las posibles soluciones.
De estas reflexiones, nadie como el maestro Juan Domingo Argüelles, quien en una larga y ardua labor de fomento a la lectura insiste que este acto se debe realizar por placer y no como una tortuosa obligación, como suele ser en la educación formal o académica, ya que bajo su óptica, a la escuela no le interesa adentrarnos en el placer o en el gusto de algo, sino domesticarnos en la disciplina, el rigor y la obligación.
El autor del libro ¿Qué leen los que no leen? El poder inmaterial de la lectura, la tradición literaria y el placer de leer (Océano, 2017), explica que la escuela nos ha hecho creer que los libros se hicieron únicamente para estudiar, ejemplifica que algunos estudiantes, después de concluir sus estudios, agradecen que ya no tendrán más lecturas.
El ensayista, crítico literario y editor afirma que, de manera general, se hace énfasis en el valor práctico que tiene saber leer, cuando a ciertas edades, por ejemplo en la infancia, lo que atrae al niño para acercarse a los libros no es la promesa de lo que será de grande o de lo importante que puede ser en un lejano futuro, sino "la recompensa inmediata de hallar en ellos un mundo placentero".
En este sentido y de acuerdo a las cifras del Módulo sobre Lectura (MOLEC) 2025 del INEGI, en México se lee en promedio 3.2 libros por año, una reducción constante en comparación con lo reportado en la edición 2015, cuando entonces se leían 3.6 títulos en promedio.
Promedio que no se ha podido alcanzar de nuevo, incluso con el detalle que en el 2025, el INEGI amplió la cobertura del Módulo y ahora incluye a personas de 12 años y más. Además de haber realizado modificaciones conceptuales y metodológicas que ofrecen nuevos resultados estadístico. Pero, entonces ¿qué leen los que no leen?
Desde hace varias emisiones del MOLEC se pregunta sobre las lecturas que realizan las personas y en qué formatos o plataformas las llevan a cabo, es decir, se reportan las lecturas que no sólo se dan a través de los libros.
Hoy, "los que no leen", atienden a otro tipo de lecturas: revistas de cualquier tipo, periódicos, cómics o mangas, páginas de Internet, foros o blogs y, hasta las miles de publicaciones en redes sociales FaceBook, X, etcétera. Sin embargo, los materiales más leídos siguen siendo en los libros.
De acuerdo al MOLEC, los libros ocupan el primer lugar con un 62.5% de preferencia, seguidos de cerca por el consumo de contenido en Internet, como foros y blogs, mismos que representan casi el 46%. Las revistas y periódicos, tristemente han caído en popularidad, lo que indica una transición cada vez mayor hacia el consumo de información digital.
Hoy en día, los más jóvenes prefieren leer contenidos e informarse en línea. Aunque es un recurso sumamente valioso, para los personajes de cierta edad como el que escribe, no hay como la experiencia de tener contacto físico con los libros y, en mayor medida, con aquellos que se consideran de calidad literaria, clásica o contemporánea, pero tampoco se desdeña un buen texto por leer a través de las pantallas luminosas.
Irónicamente, hoy escribo este texto pensando en un medio físico como un periódico, un semanario o una revista, esos impresos en papel y con tinta, y usted, en este momento, lee de manera digital desde su teléfono inteligente o desde cualquier otro dispositivo, con lo que, al final, creo que de manera positiva, realizamos el maravilloso acto de la lectura, en una de tantas formas. Punto.