LA VOZ QUE NO SE PUEDE APAGAR

Vanessa Valles

LA VOZ QUE NO SE PUEDE APAGAR

Desde el Valle por Vanessa Valles


 


No importa si el gobierno quiere o no apagar la voz de un periodista, porque mientras haya alguien que lo lea, que lo escuche, que lo vea, que lo siga, su voz será la voz de todos, pero igual puede ser la voz de algunos. Y eso es precisamente lo maravilloso de la democracia, de la libertad de expresión y de la pluralidad: poder estar o no de acuerdo con los periodistas, con algún medio de información, con un influencer o con un comunicador. 


Como público, no solo tenemos derecho a la información; también tenemos la obligación de ser críticos y analíticos frente a los comentarios y la información que nos presentan los medios.


Hoy existe un mar de posibilidades para que las audiencias se informen, conozcan y puedan determinar la forma en que prefieren hacerlo. Hasta el día de hoy, la frase “la información es poder” se utiliza comúnmente para resaltar la importancia y el valor que tiene el conocimiento y la información en diferentes contextos.


Son muchas las razones por las cuales podemos aseverar, sin temor a equivocarnos, que quien ostenta y maneja la información, sea cual sea el contexto, tiene el poder.


Aquellos que tienen acceso y dominio sobre la información poseen una ventaja significativa en términos de influencia y control. No importa cuál sea el contexto, el conocimiento y la información permiten tomar decisiones informadas y estratégicas.


Por ello, es de interés del gobierno saber y estar atento ante esa posesión de información, porque brinda ventajas significativas sobre quienes no la tienen.


Estamos en la era de la información. Por eso, Google, Amazon, Facebook, X, entre otras plataformas, han sido claves para la manera en que hoy nos informamos.


Y bien, lo anterior viene a cuento porque el gobierno actual ha señalado puntualmente a periodistas incómodos, a comentaristas que difunden y multiplican mensajes críticos contra el gobierno federal.


Y claro que les preocupa, porque, como lo escribió el autor Tom Clancy: “Si puedes controlar la información, puedes controlar a la gente”.


Pero, obviamente, esta operación no es nueva. Desde Porfirio Díaz hasta nuestros días, se ha querido controlar lo que la gente lee o escucha.


La diferencia es que hoy tenemos las benditas redes sociales.


Y ahí está, quizá, una de las mayores fortalezas de nuestro tiempo: hoy existen muchas más voces, muchos más espacios y muchas más posibilidades de elegir a quién escuchar.


Eso también implica una responsabilidad.


 


No se trata de creerle ciegamente al periodista, al gobierno, al influencer o al comunicador. Se trata de escuchar, contrastar, analizar y decidir.


 


Porque la libertad de expresión también significa tener la libertad de estar en desacuerdo.


 


Y quizá por eso una voz crítica resulta tan incómoda para cualquier gobierno: porque mientras alguien esté dispuesto a leerla, escucharla, cuestionarla y compartirla, esa voz difícilmente podrá ser apagada.


 


La información sigue siendo poder.


 


Pero hoy ese poder también está en manos de quienes la reciben, la cuestionan y deciden qué hacer con ella.