Opinión y análisis
Si creía que solo en México parecía no acabar la infinita creatividad para colocarle el nombre (y frivolizar) a la política pública (¿Qué me dice de iniciativas como: “El Instituto para devolverle al pueblo lo robado” la “Cuarta Transformación”, El “Instituto de Salud para el Bienestar” o en sí misma la marca “Bienestar”) El Presidente Donald Trump seguirá por la misma ruta. No es broma, le prometo que así es como se ésta dando a conocer esta iniciativa presupuestal promovida desde la Casa Blanca, que empezó por justificar el recorte presupuestal y la extinción de departamentos e instituciones enteras de la administración pública, que igual propone colocar aranceles al comercio que recortar el presupuesto al programa de salud Medicaid o eliminar los cupones de alimentos para las familias más vulnerables de aquel país.
Ahora toco el turno a las remesas que se envían desde Estados Unidos, con destino principalmente a México, una iniciativa que tomo mucha fuerza, aunque no es una propuesta nueva. La primera vez que alguien menciono la posibilidad de hacer una retención o un cobro vinculado con las remesas fue en el 2009 por parte del gobernador de Oklahoma Brad Henry, demócrata, por cierto, que proponía cobrar 5 dólares por cada transferencia de dinero fuera de Estados Unidos que no excediera los 500 dólares y de 1% en montos superiores a este umbral.
La iniciativa no prosperó en ese entonces, se consideró como una iniciativa políticamente incorrecta porque atentaba contra los derechos de una población altamente vulnerable: los migrantes por causas económicas. Estados Unidos es un país receptor de migrantes por causas económicas principalmente, los migrantes huyen de entornos o contextos en donde prosperar parece imposible, zonas subdesarrolladas a causa de la violencia, la falta de empleo y oportunidades, la corrupción o la pobreza extrema, no por el encanto de vivir una experiencia internacional para nutrir el espíritu humano, por lo que, entendiendo la compleja dimensión de la migración, el planteamiento fue considerado un disparate.
Pero los tiempos actuales no necesariamente consideran la complejidad del problema, a lo largo del 2024, se han transferido más de 93 mil millones de dólares desde Estados Unidos al resto del mundo. Solo hacía nuestro país el valor de las remesas fue superior a los 62 mil millones de dólares, lo que implicaría una recaudación de poco más de 4,650 millones de dólares. Claramente el monto no es significativo para el tamaño del presupuesto norteamericano que para el 2025 es de 4.16 trillones de dólares (4 billones de dólares). Por lo que pensar que el objetivo principal es este, es poco menos que útil.
De acuerdo con datos del Centro de Estudios Migratorios de los Estados Unidos, el tamaño de la población migrante para el cierre del 2024 fue de 47.8 millones de personas (14.3% de la población total), de las cuales 11.9 son mexicanos, sin embargo, si consideramos no solo a los mexicanos nacidos en nuestro país sino aquellos que tienen padres mexicanos o su origen cultural es México, hablamos de mas de 37 millones de personas, más de la mitad, han hecho sus vidas y se han vuelto ciudadanos norteamericanos con derechos desde hace mucho, contribuyen al desarrollo económico y defienden sus causas en el ejército.
La cuestión es que, de acuerdo con las últimas encuestas, el voto migrante es mayoritariamente demócrata. Solo en la elección Presidencial pasada, el 56% voto por Kamala Harris, aunque Trump mostró un crecimiento notable en las preferencias electorales de este grupo social, por lo que podemos plantear una teoría del caso, a partir de la interpretación política, a pesar de tratarse de un asunto económico.
La iniciativa busca reforzar el apoyo de los simpatizantes y miembros del Partido Republicano en un momento histórico en el que el país se encuentra profundamente dividido, la aceptación de Trump cayó en picada a partir del cambio en las reglas comerciales y las posturas definidas en los múltiples conflictos internacionales que han generado una contracción significativa en la confianza del consumidor promedio.
Lo anterior, se matiza a partir de la construcción de narrativas politizadas y distorsionadas, colocando como el centro de todos los males a los migrantes, versión que ha sido reforzada constantemente en el espacio público por los grupos afines al trumpismo más exacerbado, en pocas palabras, será difícil cambiar o detener el proceso, cuando el objetivo no es un asunto económico, es parte de una narrativa política que busca imponerse para conseguir votos en la elección intermedia del próximo año.
Aunque la Presidenta Sheinbaum y su equipo de trabajo, Organizaciones No Gubernamentales e incluso miembros del partido demócrata y algunos republicanos están en contra de la decisión por los efectos adversos que esta puede generar como la posibilidad de empujar a los migrantes a buscar vías alternativas para el envió de dinero, un incremento en la migración irregular, un incremento en la informalidad para mitigar el impacto o una afectación al poder adquisitivo de las familias más vulnerables de la región, se atravesará una eventual revisión adelantada del acuerdo comercial trinacional que podría provocar que se renuncie a la defensa del tema en aras de mantener un acuerdo que no afecte el comercio en América del Norte.
Hace un par de días, me preguntaba alguien si realmente creía que la iniciativa iba a proceder, la respuesta es que si, y que como muchas otras decisiones económicas tomadas desde la perspectiva política, será la propia realidad la que termine poniendo las cosas en su respectivo lugar.