Opiniones

¿Crecer o no crecer? Ese es el dilema

¿Crecer o no crecer? Ese es el dilema

Perspectivas
La Opinión de Cynthia Valeriano

Menos recursos, una población creciente (que podría rebasar los 9,000 millones de habitantes para el 2050, de acuerdo con ONU Hábitat) y por ende una mayor demanda de bienes y servicios, pero con una restricción que hasta para los más incrédulos, se vuelve más evidente: el incremento de la temperatura del planeta es lo que futuristas y especialistas en distintas materias han denominado los determinantes de una megatendencia.

Los efectos del cambio climático global no sólo se traducen la forma en la que los glaciares se derriten de forma acelerada aumentando el nivel de mar y del oleaje, se transforma el hábitat de plantas y animales provocando afectaciones en la cadena alimenticia y por ende afecta la subsistencia de especies animales, se deteriora el suelo y lo vuelve infértil provocando una reducción en la producción de alimentos y un incremento en la temperatura terrestre, también ésta generando fuertes cambios en todos los hábitats marinos, cambiando su temperatura, su acidez y afectando la forma de vida, también se traduce en una significativa pérdida de calidad de vida bienestar de los seres humanos.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que incluye a más de 1.300 científicos de Estados Unidos y de otros países, predice un aumento de la temperatura de entre 2,5 y 10 grados Fahrenheit durante el próximo siglo, debido en gran parte a los gases de efecto invernadero producidos por las actividades humanas.

Este grupo de científicos también predice que los efectos del cambio climático no serán iguales para todos los países, ya que dependerá de su ubicación geográfica, el entorno natural y los ecosistemas vigentes y sus políticas de cuidado y mitigación, por lo que los costos en los que los gobiernos deberán incurrir también serán desiguales, tan solo entre 1998 y 2017, más de 1.3 millones de personas perdieron la vida a causa de fenómenos meteorológicos extremos.

Dentro de los efectos a largo plazo podemos encontrar:

a) El cambio climático es irreversible y continuará a lo largo de este siglo y posterior a él, sin embargo, la magnitud de sus efectos depende principalmente de la cantidad de emisión de gases enviadas a la atmosfera, de acuerdo con los datos del PNUD, en la actualidad la emisión es 50% superior al nivel del 1990.
b) La variabilidad de la temperatura y del clima será la constante y la intensidad no será homogénea ni en espacio ni en tiempo,
c) Las temporadas de “heladas” se reducirá se forma significativa, afectando los periodos de cultivo, floración y producción en la inmensa mayoría de los territorios, principalmente en las áreas más elevadas y costeras, este efecto también puede ser menor si las emisiones de gases de efecto invernadero se reducen.
d) Cambios en las precipitaciones, que se espera que sean mucho más intensas en el invierno y la primavera, pero al mismo tiempo, olas de calor más intensas y anormales con periodos de frío más reducidos.
e) Se elevará el nivel del mar entre 1 y 4 pies para 2100 a causa del deshielo de los polos y la expansión del agua al calentarse, provocando más tormentas y mareas altas que inundarán muchas regiones del mundo, finalmente
f) Se espera que el océano Ártico se quede esencialmente sin hielo en el verano antes de mediados de siglo.

Son estas proyecciones científicas las que han obligado a los gobiernos del mundo a proponer medidas radicales en beneficio de la humanidad, en aras de cumplir con una meta que nos colocaría en un posible camino sin retorno de no alcanzarlo: para limitar el calentamiento a 1,5°C, las emisiones mundiales de CO2 deben disminuir en un 45% entre 2010 y 2030, y alcanzar el cero alrededor de 2050 (Objetivo 13: Acción por el clima).

Pero a pesar de los acuerdos internacionales y de las medidas drásticas que, principalmente los países desarrollados han implementado y mantenido en sus respectivos países, existe una enorme preocupación por las decisiones que los países menos adelantados (PMA) tomarán en los próximos años.

De acuerdo con las cifras de la ONU, es en las 46 economías con mayor fragilidad como Afganistán o Zambia, donde habita el 13 % de la población mundial y el 40 % de la población más pobre del mundo, cuyos desafíos son económicos, políticos y sociales de gran magnitud y también los que más sufren por el impacto de la crisis climática, no sólo en términos físicos sino económicos al no contar con las herramientas, la tecnología o los recursos necesarios para enfrentar los costos, es por ello que ha conminado a los países desarrollados a aportar una mayor cantidad de recursos, que puedan ser transferidos a las economías más frágiles o emergentes a fin de contribuir al desarrollo económico a partir de la generación de energías sustentables que permitan alcanzar la meta.

Sin embargo, el escenario no se ve del todo realista, de acuerdo con datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), para reducir realmente a cero las emisiones netas de carbono para el año 2050, se requieren medidas drásticas e inmediatas para suspender definitivamente el uso de combustibles fósiles

“Se debería de dejar de invertir dinero de forma inmediata en la explotación de nuevos yacimientos petrolíferos y a pesar de que para el 2035, se prohíba la venta de vehículos de combustión interna, el consumo de petróleo mundial estaría en los 24 millones de barriles al día para 2050. Un descenso drástico, pero el mundo seguiría usando crudo en este restrictivo escenario” (Belinchon, 2021).

Las medidas drásticas de las que habla la AIE implicarían también una mayor volatilidad en los precios internacionales d ellos energéticos, que, en tiempos de elevada inflación, provocarían un encarecimiento de la producción y por ende provocarían una severa escasez de bienes y servicios y pauperizarían las condiciones de vida de millones de personas, al menos en el modelo económico prevaleciente hasta nuestros días.

Es por ello, que se ha incrementado el número de personas que impulsan la idea de transformar de forma radical la forma de producir y de visualizar el desarrollo económico y social de las comunidades, a partir de la idea clásica de la dependencia del crecimiento económico, principalmente ante la imposibilidad de romper con la dependencia energética del petróleo y demás combustibles fósiles.

La simple mención del “decrecimiento económico” es considerada anti sistémica, contraintuitiva y disonante con las condiciones y necesidades de una población creciente, por lo que en realidad la humanidad se debate entre dos grandes y muy reales posibilidades: crecer económicamente y por ende seguir en el camino de la satisfacción de las necesidades y deseos humanos a partir de la explotación de los recursos naturales con el riesgo de acelerar los drásticos cambios en el planeta hasta volverlo insostenible o regresar a un estado de vida casi pre industrial en aras de extender las condiciones actuales del planeta pero a costa de las condiciones de vida de millones de personas.

Crecer o no crecer… ese es el dilema.


Cynthia Valeriano López
Profesora de Economía del Tec de Monterrey, Campus Toluca
cvaleriano@tec.mx