Opiniones

La desconexión, el gas y la guerra en Ucrania

La desconexión, el gas y la guerra en Ucrania

Opinión Cynthia Valeriano

Ante los ataques permanentes y constantes que ha dejado cientos de muertos en Ucrania y la irrupción violenta a la capital, Kiev, el sábado 26 de febrero los gobiernos de la Unión Europea, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá anunciaron la eliminación de una selección de bancos rusos del sistema SWIFT, incluido el banco central ruso, como una medida extrema para afectar su capacidad operativa en todo el mundo.


Algunos comentaristas y especialistas la llaman la “opción nuclear”, aunque no se trata de una cuestión bélica o armamentista, el SWIFT es un sistema utilizado por más de 11,000 entidades bancarias en más de 200 países para realizar pagos transfronterizos de forma rápida y segura.


La red Swift transmite diariamente más de 40 millones de códigos de transferencia al día y sin el acceso a dicho mecanismo, se imposibilita la compra-venta o intercambio de valores entre instituciones financieras. Dicha red, fue creada desde 1973 por poco más de 2,000 instituciones financieras y es supervisada por el Banco Nacional de Bélgica y los bancos centrales de todo el mundo.


Con el endurecimiento de las sanciones impuestas, los países aliados de Occidente buscan disuadir al gobierno ruso de suspender las acciones bélicas contra Ucrania, ya que para que las instituciones financieras puedan cumplir su función de intermediarios entre consumidores y vendedores, deben estar adheridos a los sistemas globales que permitan rastrearlas, autorizarlas y concretarlas.


El daño más importante para la economía rusa, se da en primera instancia en el congelamiento de los recursos y las operaciones realizadas por el banco central de Rusia (BCR), que cuenta con una de las reservas financieras más importantes del mundo, cuyo valor al cierre del 2020 era de poco más de 640 mil millones de dólares, la cuestión es que, cómo todo banco central, la mayor parte de las reservas de los países no esta expresada en valores intrínsecos como el oro, sino en instrumentos financieros invertidos en distintos mercados internacionales, por lo que, se presume que cerca del 50% de sus reservas, son susceptibles de ser congeladas al ser desconectado del mecanismo SWIFT.


Como resultado de las medidas endurecidas por Occidente, el rublo cuenta ya con una devaluación histórica del 30% frente al dólar y al euro una perdida de valor no vista desde hace casi 30 años, lo que provocó que en sesión de emergencia, la junta de gobierno de su banco central tomara una serie de medidas de política monetaria para evitar que la inflación, que de por si se mantuvo alta al cierre del 2021, genere un mayor impacto en la economía doméstica, entre las medidas a implementar se encuentran el incremento de la tasa de interés de 9.5 a 20% de aplicación inmediata, la suspensión de operaciones de la bolsa de valores de Moscú hasta nuevo aviso tras una caída de más del 16% en lo que va del año, inicio también una venta masiva de divisas para tratar de contener la caída de la moneda local e incluso colocó una serie de restricciones para evitar la fuga masiva de capitales.


Sin embargo, al reducir el margen de maniobra del banco central debido a la falta de acceso a la totalidad de sus reservas, las medidas implementadas por el gobierno de Putin parecen insuficientes ante el duro golpe que ha recibido su economía. Ello puede explicar el por qué, de forma imprevista, el Presidente ruso decidió poner en “alerta máxima” sus fuerzas de disuasión militar, que le permitirían endurecer su postura bélica, en caso de ser necesario.


El anunció fue realizado justo antes de instalar una mesa de negociaciones entre los gobiernos de Rusia y Ucrania, en una jugada estratégica por parte de Rusia que busca encarecer y fortalecer su posición en la mesa de negociación. Cabe señalar que hacia el interior de dicho país, existen una gran cantidad de voces ciudadanas que se han manifestado con fuerza, abriendo una grieta a la estabilidad interna del país, en donde ni los propios funcionarios del gobierno ruso apoyan la invasión, en cierto sentido porque entienden que el costo de derrotar a


Ucrania será la sangre de miles de ciudadanos con las represalias internacionales que ello tiene o el involucramiento de otras potencias que provocarían una fuerte escalada del conflicto.


Aun le queda un as bajo la manga a los países de Occidente, que buscan por la vía de la diplomacia y la economía, detener el avance ruso en Ucrania: la suspensión de la compra de gas a Rusia, que le cortaría el suministro de una suma importante de recursos y que provocaría un estado de aislamiento aún mayor, sin embargo, en este juego llamado interdependencia, los afectados no sólo serían los rusos, sino de forma directa los consumidores europeos que requieren del energético para satisfacer sus necesidades (El 40% del gas utilizado en Europa, es suministrado por Rusia y en ciertas economías como la alemana, ese porcentaje es casi del 60%) y de forma indirecta, todos los consumidores a nivel internacional, principalmente cuando, a causa de la escasez, el precio internacional acelere su incremento, obstaculizando así, toda perspectiva de recuperación económica mundial tras dos años de pandemia.


Nos toma mal parados como país esta situación, recientemente se presentaron los informes financieros de una anémica Comisión Federal de Electricidad, que tuvo perdidas económicas significativas al cierre del 2021, a pesar de las constantes inyecciones de presupuesto público que ha recibido, México importa más del 70% del gas natural que utilizamos las familias y las empresas, proveniente principalmente de Estados Unidos y que probablemente, de tomar una decisión tan drástica como cerrarle el mercado energético a Rusia, nuestro vecino incremente la venta de combustible hacia Europa, lo que nos dejaría en una situación paradójica: sin suficientes inversiones para generar energía por fuentes distintas a los derivados del petróleo y sin la producción necesaria, aunque utilicemos toda nuestra infraestructura para evitar la escasez.


Por lo pronto, el mundo entero tiene puesta la mirada en lo que sucederá en los próximos días en la mesa de negociación, esperando encontrar, quizá más con esperanza que con hechos y datos reales, una luz en medio de la inmensa oscuridad que, literalmente, se cierne sobre la humanidad.

Cynthia Valeriano López
Profesora de economía del Tec de Monterrey, Campus Toluca
cvaleriano@tec.mx