Opiniones

No es por Loret, es por la libertad

No es por Loret, es por la libertad

PERSPECTIVAS No. 7
Opinión Cynthia Valeriano

Elemento indispensable de vivir en democracia es la libertad, aquel valor que de acuerdo al artículo 4º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se define como “poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a otro”, lo anterior parte de la premisa fundamental de que formamos parte de la sociedad y cada decisión que tomamos implica establecer constantes vínculos con los demás, por lo que es el Estado como garante de los derechos de todos, quien define los límites y alcances de la libertad individual, pero también quien tiene el deber de generar las condiciones adecuadas para su ejercicio diario.


De unos años a la fecha, se nos está haciendo costumbre, que nuestra libertad se vea amenazada cada día, con cada decisión, declaración o acción desde el espacio de poder público: se reduce nuestra libertad de tránsito y goce de espacios públicos, cuando el estado no cumple con la función de brindarnos seguridad; se reduce la libertad de tener una opinión y expresarla, cuando se clasifica a las personas en patriotas o traidores; se reduce nuestra libertad de desarrollo, cuando se critica y criminaliza el derecho a la propiedad y la ganancia; se contrae la libertad de elegir, cuando se reducen las opciones por decreto o reforma constitucional; se anula la libertad de desarrollo humano, cuando se ideologiza la educación; se elimina la libertad de crecer, cuando se ataca a la ciencia y no se cree en la innovación.


El ejercicio pleno de la libertad contribuye al desarrollo del país, no es una cuestión de favores y discursos, tiene impactos en la certeza, la confianza o la atracción de inversiones, en el entorno favorable para la creación de negocios y empresas; incide en la disponibilidad de alternativas para que cada cuál pueda construir su propio proyecto de vida y tiene una vinculación inversamente proporcional con la desigualdad económica.



Distintos teóricos, han puesto en el centro de la discusión de las democracias modernas el papel de la desigualdad, como una visible causa de ausencia de libertad, ¿cómo puede un individuo, una familia, ejercer a plenitud su libertad si no tiene los recursos necesarios que le permitan satisfacer sus necesidades materiales básicas? ¿Cómo puede un individuo defender su derecho de expresión o exigir la existencia de múltiples voces que construyen y deconstruyen todos los días el entorno, cuando su subsistencia depende de las ayudas gubernamentales?, sin embargo, la relación entre desigualdad y libertad es tremendamente compleja, porque para generar entornos más igualitarios, debemos de partir de ejercicios de libertad plenos y para que la libertad subsista a través del tiempo, requiere de un nivel mínimo de igualdad entre individuos.


Existen índices para medir el grado de libertad en los distintos países, pero en esta ocasión hablaremos del índice de libertad económica elaborado por la Fundación Heritage, que para el año 2021 ubico a México en el lugar 65 de 178 países, concluyendo la existencia de una nación “medianamente libre”, medianía que se refleja en el índice de Desarrollo Humano elaborado por la ONU, en donde nos situamos en el lugar 74 de 188 países.


El índice de libertad económica asigna una puntuación en función de los valores obtenidos en rubros como: derechos de propiedad, integridad gubernamental, eficiencia judicial, carga tributaria, gasto público, solidez fiscal, libertad empresarial, libertad laboral, libertad monetaria, libertad de comercio internacional, libertad para invertir en todos los sectores de la economía y libertad financiera.


Cabe señalar que de todos estos rubros el peor evaluado corresponde a la integridad gubernamental con 39.8 puntos de 100, y el mejor evaluado es el de solidez fiscal con un puntaje de 88.7 de 100.


Quizá por ello, no es de extrañarse que en las evaluaciones sobre el desempeño gubernamental, si bien el Presidente López Obrador, sigue manteniendo niveles de aprobación muy elevados, la calificación sea reprobatoria en todos los rubros asociados con el resultado de su gestión, y es que, aunque como ciudadanos, no tengamos mucho tiempo para pensar en los valores de la democracia, claramente al realizar un trámite, abrir un negocio, comprar los bienes y servicios que satisfacen nuestras necesidades, buscar empleo o disfrutar del espacio público, percibimos el daño colateral de aquellas decisiones, que nos quitan libertad.


La proyección del comportamiento del índice de libertad en nuestro país para el 2022, no es prometedor, vemos con preocupación como se ha radicalizado en las últimas semanas, el abuso de poder desde la más alta trinchera, violando de forma flagrante, autoritaria, descarada e impune los derechos civiles básicos de aquellos que ejercen su derecho a pensar, a expresarse y a criticar la acción pública, es por ello qué debemos mantenernos firmes en la defensa de nuestra democracia y libertad, no es por Loret, con quien puede usted simpatizar o diferir, es por cada uno de los más de 120 millones de mexicanos cuyas libertades se ven constantemente amenazadas con tanta ligereza que preocupa por las terribles consecuencias que pueden derivar.


Cynthia Valeriano López
Profesora de economía del Tec de Monterrey, Campus Toluca
cvaleriano@tec.mx