El miércoles, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dió a conocer que analiza explotar fuentes “no convencionales” de gas mediante fractura hidráulica (fracking), con la condición de que se usen tecnologías que disminuyan el impacto ambiental. “Lo que estamos planteando, justamente, es que un grupo de científicos, expertos en agua, en geología, nos diga si hay tecnologías que puedan utilizarse que no causen los daños ambientales de las primeras fracturas hidráulicas que se hicieron, en su momento, en Estados Unidos”, respondió Sheinbaum a preguntas de periodistas.
Ayer, más de 80 organizaciones, entre ellas la Alianza Mexicana contra el Fracking, señalaron a la presidenta que explorar una versión “sustentable” de la técnica de fracturación hidráulica para la obtención de gas “puede sonar prometedor en el discurso, pero en los hechos no existe”.
En un comunicado, las ONG indicaron que el hecho de que la presidenta planteara esa posibilidad de explotación y anunciara la integración de un comité científico para evaluar si esa explotación es viable, es “un giro político que contradice el compromiso del Gobierno de Sheinbaum de no permitir la explotación de hidrocarburos mediante fracking en el país”.
Señalaron que en la conferencia presidencial del miércoles se mencionó la posibilidad del uso de agua residual tratada, agua congénita producida por campos petroleros en etapas avanzadas de explotación e incluso agua de mar, pero este uso de agua ha sido probado en diferentes zonas de Estados Unidos y no se ha vuelto una práctica común, debido a sus elevados costos, de entre 5 y 10 millones de dólares por instalación.
“Para los territorios que ya han sido sacrificados y sufren los impactos de la industria petrolera, no hay forma -mucho menos científica- de demostrar que la industria del gas y el petróleo es sustentable y no genera impactos negativos en el ambiente y la salud de los pueblos y todas las personas”, reiteran las organizaciones.
Finalmente, recuerdan que el Estado Mexicano no debe olvidar sus obligaciones en materia de derechos humanos establecidas en la Constitución y en diversos instrumentos internacionales que ha suscrito: “Un ambiente limpio, sano y sostenible, así como todos sus elementos sustantivos y procedimentales, es una precondición indispensable para el disfrute de muchos otros derechos humanos”.
Cabe recordar que el gas natural, compuesto principalmente por metano, contribuye significativamente al cambio climático, aunque emite entre 40-50% menos CO2 que el carbón al quemarse. No obstante, las fugas de metano (un gas de efecto invernadero 80 veces más potente que el CO2 en 20 años) durante su extracción y transporte lo convierten en un factor crítico del calentamiento global. Los reportes del célebre Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático IPCC – como científica, Sheinbaum participó en dos de sus informes – señalan que “el uso de gas natural para la producción de electricidad está creciendo fuertemente en la mayoría de los países y el gas ha contribuido al mayor aumento de las emisiones globales de CO2 fósil en los últimos años”.
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