La Mayoría Silenciosa de Javier Martínez Ferrusca
15 años de movimiento y 7 de gobierno le bastaron a Morena para desilusionar a La Mayoría Silenciosa, sus frases más célebres se apagan una a una como velas de pastel. Hoy nadie tiene esperanza y no están de acuerdo con el camino que está tomando el país. Morena se engaña si cree que La Mayoría Silenciosa lo tiene considerado como un buen gobierno. Varios presidentes han pasado por ese camino: las encuestas los posicionan bien ante la opinión pública, las urnas hablan en las elecciones y desilusionan a muchos.
La Mayoría Silenciosa no siempre sale a las calles, no necesariamente participa en las discusiones partidistas y tampoco tiene la obligación de expresar todos los días su inconformidad. Pero observa, compara, resiente y, llegado el momento, decide. Su silencio no significa aprobación, ni su paciencia debe confundirse con resignación.
El populismo como herramienta para conquistar a las masas le funcionó en un primer periodo a Morena; hoy les quita a los ciudadanos más de lo que les da en apoyos sociales. La realidad los alcanzó: no hay dinero, se comieron los fideicomisos, se endeudaron; hoy buscan maneras insólitas para recaudar más dinero que les permita mantener vigentes los programas sociales. La gente ha visto afectada su economía ante el desabasto de medicamentos, inseguridad, inflación, aumento en el gas, gasolina y transporte; la puntilla es el nuevo sistema para cobrar el predial.
Las manifestaciones del sector salud no son un episodio menor; el sector salud ha colapsado, los médicos tienen quejas, y las primeras palabras que vienen a la mente de la población son que tenemos un sistema de salud mejor que el de Dinamarca. La peor burla que un presidente ha realizado en un México de carencias.
Cuando los pacientes denuncian que no encuentran medicamentos, la respuesta no puede ser una consigna. Y cuando las familias deben gastar de su bolsillo para conseguir lo que deberían recibir oportunamente en una institución pública, algo está fallando. La salud pública no es un favor del gobierno ni una concesión ideológica. Es una responsabilidad fundamental del Estado.
No conformes con los problemas económicos que enfrenta el país, Morena y su presidenta, lejos de convencer a La Mayoría Silenciosa con buenas acciones y trabajo, han tomado un camino autoritario. En las últimas semanas han castigado a sus gobernados con menor libertad de expresión, han coartado su libertad económica al iniciar un camino hacia los pagos digitales y cambiaron la forma de cobrar el predial de valor catastral a comercial.
La libertad de expresión no es un privilegio concedido por los gobernantes. Es un derecho que permite a los ciudadanos cuestionar, denunciar, satirizar y exigir cuentas. Por ello, La Ley “Antimemes” es un atentado contra la población.
La preocupación se extiende al terreno económico. La digitalización de los pagos puede ofrecer ventajas: mayor comodidad, trazabilidad y reducción de ciertos riesgos. Pero una cosa es modernizar los servicios y otra convertir esa modernización en una imposición que ignore las condiciones de millones de personas.
El Estado debe garantizar que las nuevas modalidades de pago no excluyan a quienes carecen de conectividad, acceso bancario, habilidades digitales o recursos tecnológicos. La eficiencia administrativa no puede construirse a través del terrorismo fiscal.
En materia del impuesto predial, por ejemplo, un cambio de criterios basados en el valor catastral hacía referencias comerciales puede generar preocupación entre los propietarios, especialmente cuando existe el riesgo de que aumente su carga tributaria.
Es necesario reconocer que el autoritarismo rara vez comienza anunciándose como tal. A menudo avanza mediante decisiones que, por separado, parecen justificables, pero que en conjunto debilitan los contrapesos, reducen los espacios de crítica y normalizan la concentración de facultades. Por eso, el debate no debe centrarse únicamente en las intenciones que declara el gobierno, sino en las consecuencias reales de sus decisiones.
Las elecciones serán, llegado el momento, una de las principales vías para expresar esa evaluación. Pero la democracia también se ejerce todos los días en la crítica periodística, en la protesta ciudadana, en la exigencia de transparencia y en la defensa de los derechos individuales.
Cuando el populismo deja de convencer y el poder comienza a incomodarse con la libertad, la transformación corre el riesgo de convertirse en autoritarismo. Y entonces, tarde o temprano, la Mayoría Silenciosa tendrá la última palabra, no en los discursos del gobierno, sino en la realidad que vive y en las decisiones que toma.