LA SOMBRA DEL CAUDILLO: MORENA Y LA ILUSIÓN DEL RELEVO

Javier Martinez

LA SOMBRA DEL CAUDILLO: MORENA Y LA ILUSIÓN DEL RELEVO

La Mayoría Silenciosa de Javier Martínez 


 


La política mexicana siempre ha sido un teatro de símbolos, pero lo que ocurre hoy en las entrañas de Morena parece más bien un drama de lealtades divididas y un liderazgo presidencial que, al menos en el papel del partido, se siente desdibujado. La reciente reconfiguración de la cúpula morenista no es un paso hacia la consolidación de Claudia Sheinbaum, sino una confirmación de que el cordón umbilical con Palenque sigue más tenso que nunca.


La resistencia de Luisa María Alcalde a dejar la presidencia del partido —hasta que se le ofreció una salida decorosa en la Consejería Jurídica— no fue un simple trámite administrativo; fue un desplante político. Al aferrarse a la silla, Alcalde no solo desafió los tiempos de la Presidenta, sino que proyectó una imagen de autonomía que raya en la falta de respeto a la investidura de Sheinbaum. Contestar que, “lo va a pensar”, es una afrenta al liderazgo que ostenta la Presidenta de México. Aunque terminó aceptando.


En un sistema que históricamente ha exigido que el partido sea el brazo ejecutor del Ejecutivo, este "atrincheramiento" sugiere que la lealtad de la dirigencia saliente no estaba con quien hoy porta la banda, sino con quien la ungió. Alcalde olvidó aquel viejo adagio “el rey ha muerto, viva el rey”.


La llegada de Ariadna Montiel a la dirigencia nacional es el síntoma más claro de esta parálisis en el relevo real de poder. Montiel, la operadora maestra de los programas sociales y una de las figuras más cercanas al expresidente López Obrador, no representa una renovación alineada con el estilo de Sheinbaum. El relevó mantiene vigente, La sombra del caudillo.


Su ascenso es un mensaje contundente: el control territorial y el músculo electoral del partido siguen bajo la supervisión del "obradorismo puro". Es un liderazgo que mira hacia atrás para asegurar que nada cambie, dejando a la Presidenta como una figura de gestión administrativa, pero sin las llaves del movimiento.


A este panorama se suma la opacidad en torno a Andy López Beltrán. La falta de información clara sobre su posible salida de la Secretaría de Organización —o su permanencia estratégica— genera un vacío informativo que solo alimenta la incertidumbre. En Morena, el silencio es poder. Que no se sepa con certeza el destino del hijo del expresidente dentro de la estructura partidista refleja una falta de autoridad de Sheinbaum para definir su propio equipo de trabajo en la casa que ella, se supone, debería presidir.


"El liderazgo no se hereda, se ejerce. Y hoy, al interior de Morena, la silla del liderazgo parece seguir ocupada por un fantasma que no termina de irse”. Claudia Sheinbaum a lo mucho que puede aspirar es a poner a su incondicional, Esthela Damián su exconsejera jurídica el próximo mes en la secretaría de Organización de Morena.


En conjunto, estos movimientos pintan una realidad incómoda: una falta de liderazgo de Claudia Sheinbaum al interior de su propio partido. Mientras la Presidenta intenta imprimir un sello de tecnocracia y resultados a su gobierno, Morena se mantiene como un bastión de resistencia al cambio, operado por figuras que responden a una agenda previa.


Si Sheinbaum no logra dar un "manotazo en la mesa" y tomar el control real de la estructura que la llevó al poder, corre el riesgo de gobernar bajo la tutela de una dirigencia que la ve más como una inquilina temporal que como la jefa máxima del movimiento. La transición del poder no ha terminado; de hecho, parece que apenas ha comenzado la verdadera lucha por el alma de Morena.


Morena EdoMéx niega división, pero en los hechos es visible


El senador Higinio Martínez Miranda aseguró que la asamblea estatal de Mexiquenses de Corazón no fue un acto de fuerza, sino de reafirmación de principios y deber cívico. Sin embargo, queda claro que los bandos opositores de Morena en el Estado de México han quedado definidos, por un lado, Higinio Martínez y su grupo, al cual se han unido, la expriista Alejandra del Moral y Felipe Rodríguez de Uprez; y por el lado de Delfina Gómez, se suma Horacio Duarte y Francisco Vázquez. La división en Morena es negada, pero en los hechos es más visible que nunca.


Por un lado el senador, ofreció “sus manos fraternas” a la gobernadora Delfina Gómez, al tiempo de pedir que aprovechen su experiencia e ideas para consolidar el proyecto de transformación, también advertía, “las diferencias internas son normales, pero no deben convertirse en divisiones. Por ello, llamó a cerrar filas para que Morena llegue a la elección del 2027 con fortaleza.