El día siguiente al coronavirus

El día siguiente al coronavirus


20/03/2020 |   Toluca, Estado de México |   Ramón Cabrera

En un ejercicio de proyección, tenemos que pensar qué va a ocurrir cuando, dentro de dos, tres, seis o doce semanas, el Corona Virus pase a ser cosa del pasado. Nos necesitamos cuestionar sobre qué es lo que vamos a encontrar después de las cuarentenas globales.

Desde la perspectiva médica, el contagio habrá hecho un daño severo e importante; los sistemas de salud estarán prácticamente agotados por la cantidad de recursos destinados a la lucha contra el virus; en la población habrán muerto para entonces algunas decenas de miles de personas que, por razones de edad –valga la crudeza de la expresión- no serán significativas desde un punto de vista estrictamente económico, pues no habrán sido parte de la población en edad productiva, al ser mayoritariamente gente de la tercera edad.

Ahora bien, lo primero que encontraremos será una devastación económica sin precedente.

El mundo difícilmente habrá visto un evento con consecuencias generalizadas y globales como éste. Es prácticamente imposible que exista algún rincón del mundo sin haber sido tocado por la pandemia y sus efectos.

Para cuando todo esto pare, muchas de las cadenas productivas globales estarán rotas, pues las afectaciones a la producción habrán ido rompiendo cada uno de los eslabones de las mismas.

Los mercados estarán apenas estabilizándose. Habrá que ver qué sectores son los que empiezan a reactivarse y a retomar, primero, ritmo global, y después ver los ritmos de cada nación.
En el caso de la bolsa de valores, la caída de los índices hará que muchas personas prefieran mantener sus posiciones e inversiones, antes que retirarse y materializar sus pérdidas, lo que congelará recursos por cuando menos un par de años.

Recordemos que mientras que China empezó con el problema en noviembre/diciembre de 2019, fue hasta marzo del 2020 que empezó a contener el fenómeno. En tanto que México inició su proceso apenas en los primeros días de marzo de 2020. Es decir, hay 4 meses de diferencia entre los calendarios en los que el evento irrumpió en diversos países y en los que se fue controlando.

Así las cosas, el proceso de reactivación económica tendrá igualmente ciclos diferentes, pues podríamos calcular que, si el control de los daños en salud se logra en un periodo de 4 meses, es muy probable que mientras China en julio de 2020 ya esté en proceso de recuperación, México apenas estaría controlando la enfermedad.

En este sentido, México irá con 4 meses de atraso con respecto a economías asiáticas con las que compite en el nicho de economías emergentes.

Si nos concentramos en México, la gran mayoría de servicios que no son de primera necesidad, habrán sido relegados en los muy pocos procesos económicos que se hayan mantenido vigentes durante la cuarentena. Así, abogados, arquitectos, contadores, consultores y un sinfín de profesionistas y comerciantes habrán dejado de percibir ingresos durante la cuarentena.
Empresas dedicadas a actividades cuyos bienes o servicios no sean de necesidad inmediata, también verán disminuidos sus ingresos, ahí hablo de industrias como la construcción, la automotriz, la de hospitalidad y turismo y la de aviación, las cuales estarán tratando de despertar, si no es que, de resucitar, tras un largo periodo de invernación forzada.

La cadena de incumplimientos en que las empresas habrán caído por falta de flujo será también muy importante, al igual que los pasivos contingentes laborales derivados de los juicios que se inicien por los despidos y recortes salariales que se hubieren llevado a cabo. Ello también, será una muy importante merma de capital para las empresas.

Los clientes de los negocios estarán cortos de recursos para poder comprar o contratar bienes y servicios, aún de aquellos que pudieren para entonces necesitar con mayor prontitud. En ese contexto, muchos de los que nos habremos financiado con Tarjetas de Crédito u otro tipo de créditos, es probable que para entonces hayamos caído en impagos, lo que generará una cartera vencida importante para el sistema financiero nacional.

Por su parte, es previsible que el Fisco también esté sediento, y tenga que salir a cobrar impuestos ante la caída de la recaudación derivada tanto de la parálisis económica vivida durante la cuarentena, como por la recesión que para entonces el planeta entero esté sufriendo y de la cual México, simplemente se antoja imposible que se sustraiga.

El panorama pintará desolador y más si consideramos que naciones como México tienen un margen nulo para operar acciones presupuestales que tiendan o pretendan a la reactivación económica; máxime que llevaríamos para entonces, prácticamente año y medio sin proyectos productivos que echar a andar, y seamos serios, entre ellos difícilmente podrían clasificar tanto la refinería de Dos Bocas como el Tren Maya.

Por otra parte, los países normalmente pueden recurrir a apoyos fiscales como una herramienta eficaz para reactivar o acelerar sus economías. Sin embargo, en México las condonaciones y las exenciones fiscales han quedado prohibidas constitucionalmente, por lo que el Gobierno no tendrá posibilidad de echar mano de esa herramienta. Caso contrario, es lo que se observa en otros países que ya preparan e implementan esta clase de estímulos fiscales para evitar o mitigar la caída de sus economías.

La caída en los ingresos petroleros para México, será igualmente brutal, por los precios miserables a los que se está cotizando el barril de petróleo tras la muy inoportuna guerra petrolera entre los países de la OPEP y Rusia.

Para el final de las cuarentenas, la situación y viabilidad de negocio de PEMEX, también ya habrá dado lugar a la pérdida de su calificación de inversión, con las implicaciones de desinversión que ello necesariamente implica, al obligar a los grandes fondos de inversión a retirarse de deudas e inversiones respaldadas por el muy vapuleado PEMEX. Con ello, irá gran parte de la calificación crediticia nacional, lo que elevará el costo de la deuda que pretenda contratar el Gobierno.

En el caso concreto del Gobierno, el desgaste político al que se habrá sometido igualmente será brutal. El liderazgo del mismo será altamente cuestionado.

Es muy probable que, al entorno económico negativo, debamos añadir el factor de una grave descomposición política, tanto por la división social que se ha venido impulsando como política de la actual administración, como por la división entre quienes apoyan la manera en la que el Gobierno enfrentó la crisis de salud y quienes la reprueban, sobre todo si consideramos que, en muchos casos, la sociedad civil rebasó en la toma de decisión y de acción al propio Gobierno.

Así, el Gobierno tendrá retos propios para reasumir el liderazgo y conducción de la reconstrucción económica derivada de la pandemia.

En conclusión, la devastación económica será mucho mayor que la devastación en materia de salud y los retos a enfrentar pondrán a prueba nuestras máximas capacidades para salir adelante.

En ese contexto, los empresarios tendremos que…. (Continuará)

Ramón Cabrera







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